EL COLECCIONISTA DE BELLEZA (dedicado a todas las mujeres)
“Lo necesitaba, lo buscó…… y, por fin, lo encontró. Era su antídoto perfecto suministrado en pequeñas pero continuas dosis”

Se alimentaba de belleza y pasaba hambre. Imbuido en la rutina diaria del trabajo y la casa, no le era suficiente con contemplar circunstancialmente un potente arco iris, una puesta de sol rojo castellano, la perfección de una talla, el brillo de una joya o las bellezas encerradas de los museos. Habitualmente se nutría de pequeños entremeses, ocultos en detalles que sólo él apreciaba, como partir en pequeños trozos los retazos de hermosos párrafos de sus libros preferidos, degustar la armonía de sus preseleccionadas melodías, retener unos segundos en su retina los flashes de los imponentes edificios de piedra de su ciudad, observar con detalle una flor, un pequeño animal, la risa de un niño…… para, poco tiempo después, volver al olvido.
No bastaba. Necesitaba comer más, sentir la belleza más a menudo. ¿Cómo hacerlo? Lo venía intuyendo desde hace mucho tiempo, sin mucho convencimiento, hasta que, decidido a comprobarlo, a sus (demasiados?) años, un buen día… ¡por fin! ¡eureka! ¡Cómo no se había dado cuenta antes! Sí. Estaba allí, en todas ellas, tan accesible que no tenía más que pararse a contemplarla. En el mercado, en el bar, en el colegio, en el trabajo, en el gimnasio, en todas…
Decidido, salió a la calle animosamente y comenzó a observar, sin elegir, lo que le era dado:
-Bella. Como una cámara lenta, se recrea pasando sus gráciles aunque minúsculos dedos sobre sus dos frondosas y lisas cortinas y, asomando, apenas logran obligarlas a dividirse, a retirarse hacia atrás, mientras éstas, manteniéndose en rebeldía, se niegan repetidamente a deshacer su conformado hechizo, rindiéndose finalmente para dejar paso a la blanca textura vertical, de suavidad imposible, de su ya madura frente.
-Bel-la. Ancora piú. Bajo el bucle ensortijado de su cabello, los finos arcos, obligados a su perfecta simetría, coronan dos brillantes gemas, de esotérica turquesa, que reflejan en ellas tu imagen al mirarlas, irradiando al mismo tiempo el halo karmático de su juventud, unido a una mirada hipnotizante que, al cruzarse, se sobrepone a la tuya, subyugándote totalmente.
-Belle, encore plus. Nada concreto, forma un todo incierto, deliciosamente armónico y a la vez “ravisseuse et absolument dominatrice” que se transforma, sin poder evitarlo, en una señal o aviso incitante en tu cerebro que te lleva a imaginar/suponer un continuo e inacabable estado estimulante que crece y crece pretendiendo llegar finalmente a la deseada meta de lograr explosionar y bajar por la curva descendente y placentera para llegar al reposo más absoluto.
Comprendió finalmente que una parte, una simple brizna, ya es el todo. En lo físico, de cada una de ellas elegía aquello que más le impresionaba. La sinusoide que une el cuello con el hombro y desciende por la parte superior del brazo, la que sobresale en la cadera, la que profundiza en la cara interior de los muslos, la doble curva cóncavo-convexa de los senos, o aquellas cuya directriz forma la imposible fórmula matemática, tautológica e indemostrable, cuya perfección te obliga a una elipsis en las palabras. Y qué decir del pensamiento imposible, de la sugerencia no pretendida, del tono indescifrable de la voz, del conjunto kinético que te atrae, de ese todo, esa fuerza interior arrebatadora que constituye la feminidad absoluta….

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