El futuro que no seremos.

Mr. Effort apagó su dispositivo de realidad virtual, cansado de desarrollar su programa de generación de avatares para su microempresa “Underground sky” dedicada a la exportación de nuevas sensaciones. Observó durante unos momentos el tráfico espacial a través del vidrio curvo de su penthouse, hizo un gesto de disgusto pensando en la vuelta a casa y, como cada día, se dispuso a desnudarse para introducirse inmediatamente en su cámara ultrasensorial que lo dejaría completamente descansado, relajado y en perfecto estado de salud.

En ese momento, una imagen espacial le saludó desde el centro del despacho. Era Lady Intelligence que le sugería una cena romántica en la zona de restaurantes de moda, dentro de la burbuja-7 situada bajo las nubes rojas de la puesta de sol que ese día ofrecían una tonalidad especialmente anaranjada.

-No puedo negarme a tan gentil invitación, pero me temo que la visión de la puesta de sol se retrasará un poquito. Necesito media hora en la cámara.

-No tienes que disculparte. Sé que eres un adicto al trabajo. Así disfrutaremos un rato más viendo las estrellas y charlaremos más animadamente. ¿A las 9?

-De acuerdo. Tengo muchas cosas que contarte desde nuestra última visión.

La imagen desapareció y Mr. Effort pudo disfrutar al fin, durante veinte minutos, de la ansiada ingravidez de su cámara “U.S.” último modelo y resetear su mente de cualquier idea o pensamiento que no fuera banal o gratificante.

El transporte público espacial lo dejó en la entrada del moderno restaurante esférico “Vegan love” donde, a los dos segundos, apareció Lady Intelligence con una sonrisa radiante, trasluciendo todo su contorno superior bajo las transparencias selectivas de su vestido que únicamente verían quienes ella deseara, pues así lo había diseñado ella misma en su pequeño “Apple 2050”.

-Espectacular- admitió Mr. Effort, viéndose sorprendido una vez más por la joven que, sabiéndose triunfadora, exageraba el movimiento de sus caderas.

Una robot sonriente de ojos azules les explicó la oferta gastronómica del día y la cata de sus mejores vinos en su pantalla corporal y tomó nota de sus preferencias. En pocos minutos, una bandeja humeante partió desde una abertura en la cocina, se desplazó por el techo y descendió suavemente sobre la mesa, invadiendo con su aroma a los comensales y aumentando su grelina.

Pero la casualidad hizo que, en otra mesa no lejos de la pareja, se sentara Lady Beauty, un antiguo amor del joven Mr. Effort, acompañada por un chico y dos avatares que no paraban de reír y de emitir imágenes divertidas. Desde ese momento, su pensamiento se fue evadiendo a otros lugares y situaciones.

Las franjas de nubes anaranjadas que pasaban frente a ellos le parecían ya demasiado vistas y las transparencias de su acompañante no le sugerían deseo alguno. Toda su mente giraba alrededor de los recuerdos de los desenfrenados momentos vividos con su antiguo amor y su posterior ruptura. Lady Intelligence se dio cuenta pronto de lo que ocurría y tramó una venganza.

-Voy un momento al lavabo, disculpa- le señaló levantándose de la silla.

Se acercó al mostrador y pidió que invitaran a una copa de cava a la mesa de Mrs. Beauty. Le mostraron varias marcas, eligió una de ellas e, inmediatamente y sin que el camarero se diera cuenta, inyectó algo a través del vidrio mediante su aguja lásertrans. Lo pagó mediante su dispositivo unipersonal y volvió a la mesa con una sonrisa cautivadora, como si nada hubiera sucedido.

-Cuéntame tus últimos avances. ¿Qué nuevas sensaciones has conseguido?

-¡Ah, estoy muy contento con mi trabajo! –respondió el joven Mr. Effort –He conseguido capsular un sentimiento de victoria especial, algo así como el que notarían los bárbaros cuando conquistaron Roma o el que sentiría el primer hombre que pisó la luna. Creo que ayudará a mucha gente a sentirse bien. Y no es nada caro. Se podrá vender en torno a mil bitcoins solamente, espero.

-¡Qué me dices! Quiero ser la primera en experimentar esa sensación.

-Es todavía un secreto. ¿Puedo confiar en que no lo divulgarás?

-Por favor, Effi. ¿Cómo puedes dudar de mí? Hemos colaborado en otros proyectos… Además, tú me gustas y lo sabes. Debes compartir todo conmigo.

-Te he traído una de mis cápsulas, aunque recomiendo que se utilice en momentos especiales pues se realzan sus efectos –dijo el chico abriendo una cajita dorada que le servía de pastillero y dejando una cápsula sobre la mesa.

-Gracias, no tardaré en probarlo –dijo ella mirando a la mesa de Lady Beauty. Al ver que salían precipitadamente del comedor, sonrió triunfadora, mientras el chico, sorprendido, pensó que se habían ausentado por su culpa.

-Tengo otra propuesta para ti, chica guapa –le dijo, ya más relajado.

-¿Ah sí? Estoy impaciente por conocerla –respondió Lady Intelligence.

-He avanzado mucho en un invento que servirá para paliar el hambre en el Inframundo. Espero poder transformar los desiertos en inmensas plantaciones.

-Sabes que tenemos prohibido interactuar con el Inframundo. Nuestro líder lo prohibió taxativamente bajo pena de muerte. No podemos arriesgarnos.

-Son seres como nosotros aunque su mente no haya podido evolucionar. No merecen morir. Tengo contactos que podrán realizarlo sin tener que viajar allí.

-Lo siento. No puedo arriesgarme. Tienes que abandonar la idea –le dijo ella.

-No lo haré. ¿No te das cuenta? ¡Somos como ellos! –afirmó él rotundamente.

-¡Hazlo si quieres! No te delataré, pero no cuentes conmigo. Soy joven y no quiero morir tan pronto- respondió Lady Intelligence, muy seria.

-Eres la única que puede ayudarme. Tu coeficiente intelectual es insuperable.

-Puedes preguntarme lo que quieras, Effy, pero negaré que te he ayudado.

-Deberemos extraer el agua pura de los mares y el nitrógeno del aire y formar unas nuevas moléculas que evaporaremos formando nubes inmensas que transportaremos desde el mar hacia los desiertos. Al mismo tiempo, habremos desarrollado otras nubes con gran cantidad de fósforo y potasio extraídos de los cementerios de basura de las grandes ciudades, mezclados con genes de una gran cantidad de plantas y vegetales seleccionados, y las enviaremos sobre ellas. Su unión producirá unas nubes químicas nuevas de diferente potencial eléctrico que, finalmente, haremos precipitar sobre los desiertos  creándose una capa de abono líquido orgánico que se fijará en las arenas. Y así, en poco tiempo, brotarán miles de especies vegetales que las darán vida.

-¿Y cuál es mi misión en este asunto? –inquirió la bella acompañante.

-Controlar las posibles reacciones químicas en las distintas fases del proceso.

-Pásame tus investigaciones y pondré a trabajar a mis ordenadores-robots. Pero antes quiero pasar la noche contigo en mi cámara antigravitatoria cálida.

-Eso está hecho. Sabía que podía contar contigo. Gracias Intelly.

Después de dar cuenta de unos apetitosos postres elegidos mezclando varios frutos secos en los cremosos helados que los robots les iban ofreciendo, se dispusieron a abandonar la burbuja espacial, cogidos de la mano.

A diez mil kilómetros de allí, en el Inframundo, unos seres humanos como ellos se mataban unos a otros para imponer sus ideas o sus religiones, asesinando seres indefensos del bando contrario, haciendo morir de hambre a los no sometidos, exterminando los animales y las plantas, contaminando el planeta con plásticos, creyendo que su poder residía en la fuerza de sus armas.

En el Supramundo, una fuerza omnímoda controlaba los movimientos de todos sus habitantes. Nadie se atrevía a llevar la contraria al poder establecido o moriría instantáneamente. Sin rebeliones, todos vivían muy felices, contentos de desarrollar lo mejor posible la misión que tenían programada desde su nacimiento. Así, no carecían de nada y nada podrían echar en falta, salvo su pensamiento libre. Pero eso, al fin, ¿para qué puede valer?

Mr. Effort y Mrs. Intelligence murieron a los dos días sin desarrollar su idea.

el futuro que no seremos

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