cropped-playa-rd-2.jpgAmaneceres

Brilla el astro, en plenitud dorada, tostando las arenas

en Adunia.

Y, al tiempo, amaneciendo, el mismo sol asoma tras las lomas

de Lipidia.

Bellos cuerpos, que sienten ese abrazo, agradecen dichosos

al destino,

mientras otros tapados, y tan bellos, del calor se protegen

en trincheras.

Las tranquilas mañanas en Adunia se nutren de refrescos

y de tapas,

a la vez que el fragor de los obuses siega vidas vacías

en Lipidia.

Barrunta una tormenta por la tarde y se guardan las toallas

y las ropas mojadas, a la espera de la cena.

Los truenos no se oyen en la guerra, se lo impide el sonar de la batalla.

No se escuchan los gritos de esos niños que lloran,

con heridas desgarradas.

Pasó el tiempo y los hijos de sus hijos volvieron a gozar

de aquellas playas.

Y los nietos de aquellos que murieron, dan su vida entre arenas

y sus aguas.

Piel blanca que desea ser morena. Es Adunia.

Piel morena que quisiera ser blanca. Es Lipidia.

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