1.-HISTORIAS

Desde pequeño, siempre me han encantado las historias contadas de viva voz, aquellos cuentos de tu madre, tan sabidos, a la que mandabas repetirlos una y otra vez, los relatos de algunos maestros contando antiguas batallas como si formaran parte de una película.

Cuando uno se hace mayor, es difícil volver a escuchar todas esas historias y hay que extraerlas de entre las páginas de los libros, donde se encuentran encerradas, esperando que alguien las libere. Cuando esto sucede, las palabras vuelan y se entrecruzan formando pensamientos e imágenes que nos son regaladas y almacenadas en el hemisferio derecho de nuestro cerebro.

Una vez leídas, vuelven a acostarse o esconderse en el mismo lugar y, pacientemente, descansan sobre las mismas páginas, deseosas de ser liberadas de nuevo. No tienen dueño, se van con cualquiera, pero depende de cómo las traten así son sus regalos.

A veces, me cuesta encontrarlas (hay escritores que las esconden muy bien) y, entonces, tengo que ayudarme de mi herramienta favorita, la imaginación, con la que siempre consigo que aparezcan, al menos en parte.

¡Me encantaría encerrar unas cuantas, las más bellas, entre las hojas de un libro, para poder liberarlas una y otra vez, y así recibir sus bellos regalos!

  2.-VIVENCIAS

¿Qué son las vivencias? Se supone que son las experiencias que cada uno va acumulando a lo largo de su vida.

¿Son necesarias para producir cuentos o relatos, para encerrar y liberar palabras, o simplemente para escribirlas? Solo en parte. Es verdad que contribuyen a dar veracidad a nuestras historias fingidas, a nuestros relatos preferidos, o a mejorar con detalles o descripciones la ambientación de los mismos, pero su base fundamental o la condición “sine qua non” es la imaginación.

Sin ella, la decepción está asegurada y el relato no transmite nada. Como a veces decía mi padre, a la salida del cine, “ahora, de cualquier cosa hacen una película.

 Así es. Y de cualquier sencilla ocurrencia como ésta, sale un minirrelato. Solo hay que echarle un poco de imaginación y la magia se produce.

3.-REALIDADES

Son los hechos consumados, los logros conseguidos, los proyectos realizados, los libros acabados, las metas superadas, las carreras ganadas, los hijos engendrados, los edificios construidos, los poemas recitados, los escritos publicados, las enseñanzas impartidas, las charlas compartidas, los discursos declamados, las películas reídas y las lloradas acompañados, los besos sentidos, los goles marcados, los amores correspondidos, las cartas enviadas, las tertulias entre amigos, los viajes disfrutados junto a otros, las comidas preparadas, y las saboreadas, los cafés descansados, los bailes alocados, las risas, los llantos, y todo eso que, en este mundo que llamamos tierra, hemos dejado de nosotros como huella. Lo que de “nuestro” perdurará durante un tiempo, largo o corto, y que influirá en los demás, que se verán impregnados de “nosotros” sin saberlo.

Es importante que la huella que dejemos sea buena. Así, podremos sentirnos satisfechos y exclamar desde allá arriba, o desde allá abajo: “Ahí queda eso”.

 4.-FANTASÍAS

Son el alimento del alma, esa comida especial de fiesta que recibe nuestro cuerpo. Al recibirla, el cerebro se expande; las neuronas multiplican sus dendritas y alargan su axón hasta el infinito interconectándose entre ellas. La corteza cerebral, como gran generadora, emite sin cesar fantasías oníricas cuyas imágenes imposibles, inconexas, cobran vida.

La fábrica de sueños que todos tenemos nos hace conseguir los anhelos más complicados. También muestra nuestros temores, como realidades virtuales, pero realidades al fin. Todo un mundo onírico se nos desvela como creíble, los toros te persiguen sin alcanzarte, no puedes adelantar a las tortugas, te caes desde un puente muy alto y te levantas como si nada. Ahora ríes y lloras al mismo tiempo. Tan pronto eres un Eros triunfador como un Ulises dominado por las sirenas, todo lo imposible es posible en el mundo onírico. Es fantástica la fantasía.

Sueños dulces, bellos, de los que no quisiéramos despertar jamás, o sueños amargos, terribles, de los que damos gracias al despertar por liberarnos de ellos. Me gustaría poder soñar despierto todo eso para escribirlo o contarlo.

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