¡Serán perezosos! ¿No ven que el sol asomó ya hace varias horas? ¡Plastas!

Por fin se levanta alguien…es mi jefe. Buenos días. ¿Hola? ¿Hola? Ni me ha visto. Directamente al baño y ni una caricia. Es que trabaja demasiado. No hay más que ver la cara de cansado que me trae todos los días. Vaya pinta, no me extraña que no se mire al espejo. Yo también me asustaría. Me acercaré a cuidarle un poco a ver si se anima.

¿Eso es todo? ¿Un simple arrumaco? ¿Para eso tantas horas de espera? Pasa como un zombi, toma mecánicamente su zumo, calienta la leche, prepara su Cola-Cao, sus galletas, su pan con miel…, y yo como si no estuviera. Y ahora la radio. No entiendo que preste tanta atención a esas noticias en vez de hablar o jugar conmigo. ¿Qué puede haber más importante que estar con los seres queridos? Al menos, podría acompañarme en el desayuno. Desagradecido.

¡Qué raro! Se acaba de levantar y ya se ha tumbado en el sofá. O es un día de fiesta o está enfermo. Bueno, al menos estará descansado para jugar conmigo.

Oigo ruidos en el otro pasillo. Es su hija. Parece que esta trae mejor cara. Me dejo acariciar mientras le doy los buenos días. De nuevo el mismo ritual, baño, desayuno…¡qué paciencia tengo que tener! Al fin termina. Y ahora ¿qué hace? Enciende el ordenador, la tablet y mira el móvil al mismo tiempo, y, a mí, ni me mira. ¿Qué pretende? ¿Se han vuelto todos locos en esta casa? ¿No ve que la estoy esperando? La miro tiernamente. Me dice que me entiende pero que me espere un poco. Le digo que venga a la terraza ronroneando y accede al fin.

Se pone a regar las flores y me ofrezco a colaborar en arrancar las más ajadas. ¿Eh? ¿El jefe quiere encender la Tablet? Voy para allá. Es que tengo que estar en todo. Lo deja y jugamos a perseguir bolas de papel. Menos mal que trabajo para que no estén tanto tiempo con sus dichosas pantallas. Es por su salud.

Alguien más aparece. Es la jefa de la casa. Pero ¿qué hace? Está abriendo todas las ventanas de nuestros sitios preferidos, con el frío que hace. Pues me voy a la parte de atrás dejándola sola. De castigo. Le llamo al jefe para que no se me enfríe y viene conmigo. ¡Cómo le cuido! Bueno, él también se porta bien.

Me está llamando mi jefa, dice que venga a recoger todos los papeles que he roto. No sabe que pueden valer para jugar de nuevo. Pero sigue con las ventanas abiertas. ¡Qué ocurrencias! No iré hasta que cierre todo ¡Me va a dar un pasmo! Al menos el jefe ha cerrado la de mi sitio de comer. Ahora voy. ¡Qué barbaridad, me va a crecer la barriga con tanta comida! Por eso hago tanto ejercicio. Si es lo que yo les digo siempre, pero no me hacen caso. Si no fuera por lo que les obligo a jugar estarían tumbados y gordos. Y ni gracias.

¿Qué es ese ruido tan infernal? Vaya, la jefa se ha puesto a limpiar. ¡Qué odioso aparato la aspiradora! Engulle todo lo que encuentra y encima te deja sordo. Al que lo inventó debieron condenarlo a la guillotina. Le morderé los cables en cuanto pueda a ver si así no funciona. ¿Por qué no usará la escoba?

Llaman al timbre ¿Quién podrá ser un domingo por la mañana? Es la sobrina de mi jefa con su hija que no para de hablar. Me están buscando. Me esconderé. No me importa que hablen lo que quieran de mí, pero que no me molesten. La última vez que vinieron me cortaron las uñas para que no arañase a la niña. ¡Serán desalmados! No saben que las necesito para subirme a todos los sitios, para jugar o para defenderme. Es lo peor que pueden hacerme. Aquí detrás del zapatero es imposible que me encuentren. No me importa esperar.

Dice que se van. Ya puedo salir. Me sentaré en mi sillón favorito del salón y disfrutaré de los rayos de sol. Es que uno sabe vivir. Estiramientos, relax….

¡Otra vez el dichoso portero automático! ¿Pero qué pasa hoy? No le dejan a uno ni concentrarse ni hacer yoga. Otra visita. ¿Qué? ¡Oigo ladrar! Esto va a ser peor de lo que parece. Odio a los perros. Aúllan a lo tonto, sin ton ni son. Solo para hacer la pelota a sus dueños. Y qué escándalo, con esa vozarrona que no hay quien los aguante. Desde luego, al que creó esa especie debieron quitarle la licencia de creador. Veinte mil razas y cada cual más tonta que la anterior. No los aguanto. Me esconderé en la terraza a esperar a que se vayan.

¡Qué patio tan bonito! Me alegro de vivir en esta casa. Al menos tengo buenas vistas…¿Eh? No puede ser. Me ha parecido ver algo perfecto…, maravilloso… ¡Qué movimientos tan sincronizados! ¡Qué estilo! ¡Qué ojos! ¡Qué cuerpo! La armonía personificada en mi especie. Quizás demasiado presumida. Si pudiera llegar hasta ella, como me llamo Gris que la conquistaría con mis dotes de Don Juan. La observo sigilosamente hasta que se va. No sabe lo que se pierde.

Tengo un dilema.

Sé que, si quiero, puedo escaparme. Nadie podría detenerme con mi astucia. Simplemente, al abrir la puerta, me escaparía a la carrera y ya está. Así podría conocer a esa gata blanca y a tantas otras…vivir salvajemente tiene que molar.

Por otra parte, mi obligación de cuidar de mis jefes es muy fuerte y yo soy buena gente. Sé que si les abandono se quedarían muy tristes y no sé qué podría ser de ellos. Además, lo bien que se está en invierno con calefacción…

Quien sabe, tal vez realice algún día una corta y astuta escapadita… por probar, y después…ya decidiré lo que más me convenga. Besos a mis lectores.

Gris junio 2018.jpg

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