Al verte,
sonrío ampliamente y te miro.
Al verte,
mis manos se aprietan. Te digo
palabras gastadas. Inspiro,
y aspiro tan sólo a quererte.
Al verte,
mi cuerpo, que nada sentía,
ya siente.
Respiro profundo y mi mente
libera endorfinas de dicha
por verte.
Será, puede ser, el instinto,
pues salgo al encuentro contigo
y me siento más ágil, más guapo,
más hombre, más joven, más niño,
más bueno, ocurrente, más listo,
y acaso me veo a mi mismo
distinto, a tu lado, distinto.
Apenas te veo,
soy otra persona, mi mundo no existe.
En sólo un instante,
tu karma me envuelve, me lleva, me inviste,
me embauca, me empuja, me arrastra,
me llena de fuerza y después
ya nada me importa;
estando contigo el tiempo no cuenta.
Tu sola presencia me basta y me sobra.

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