*Has sido sembrada….. o quizás ya morabas en las entrañas de la tierra. ¡Cómo explotas cuando sales de ella! Cómo te derramas en infinitos brillos, colores, olores, tactos, sonidos……
*Vuelas arrastrada por el aire….o quizás formas parte de él…. del éter…. del cielo…. de lo infinito ¿Hasta dónde? ¿Hacia dónde? Te expandes… y tu inmensidad nos va haciendo cada vez más pequeños….pero quedarás unida, asida, percibida…. mientras quede alguien con vida……
*Vas dejando tus flashes en todas las imágenes… realidad o imaginación, viene a ser lo mismo…. hasta en las más aterradoras dejas, sólo en algunas mentes, pequeños destellos de ti.
*Tan pronto te percibo en mi interior, en lo profundo, o en lo más interno, allí adentro, como, poco después, te veo en el exterior, sobre la superficie, en lo más externo, allí afuera….
*¿Cómo medirte? ¿Cómo valorarte? Sí, medir es comparar, pero no existe nada comparable contigo. No. Imposible. Nunca podré medirte. Únicamente podré jugar a medirte y lo voy a intentar: en primer lugar, habrá que elegir una regla, una unidad de medida, una unidad de apreciación. Pero, si toda tú eres subjetiva, eso quiere decir que cada uno debemos disponer de una regla diferente…. con lo que me temo que sólo podré inventarme la mía…. Seguimos: Si estás en todo, quiere decir que la unidad de medida deberá ser capaz de medir tanto lo diminuto como lo gigantesco, lo masculino como lo femenino, lo singular y lo múltiple, y desde lo más inocente, puro e infantil hasta lo más espeluznante de la mente de algún desvariado…. Por ejemplo, por comenzar, para medir tus unidades más infinitesimales utilizaré “quantos”. Así podré medirte en las guerras, en crímenes, en los sueños más horribles, en los desamores, en lo ordinario, en las miradas insidiosas, en tripas de sapos, o en las voces más desafinadas…
Ahora utilizaré “gigas” para medir lo mayor de ti, donde te encuentras casi inconmensurable…. en el arte, en la bondad, la gratitud, en los sueños hermosos, en el amor, en lo extraordinario, en las miradas cómplices, en los pequeños animales, en los niños, o en las voces más afinadas.. Y si sigues creciendo y creciendo, “inabarcable”, entonces, usaría al fin el calificativo de divina. Me he inventado una fórmula: 1 “giga” = 1 millón de millones de “quantos”.
*Claro está que todas estas unidades serán tridimensionales, o mejor dicho, tendrán una cuarta dimensión llamada “perceptibilidad”, totalmente subjetiva y cambiante según la mente de cada uno. Y aún una quinta llamada “emotividad”, como respuesta a lo percibido, que es la sensación, casi siempre placentera, producida por dicha percepción en el sujeto perceptor. E incluso una sexta que llamaré ”temporalidad”, o duración de la sensación recibida, midiendo el poder recurrente que dispone la mente de cada uno para recuperar las imágenes o sensaciones percibidas y la estabilidad necesaria para mantenerlas activas sin necesidad de percibir más muestras. Únicamente si la percepción se considera inabarcable o inasumible para alguien es cuando puede convertirse en algo que su mente no llegue a aprehender. Si esa inabarcabilidad fuera para todos, nadie podría dar constancia de su existencia….

*Volveré a nuestra realidad “quantificable”. Pienso en la belleza contenida en los sueños: Existe porque nuestra mente la crea y nos la muestra, a veces claramente, a veces difusamente pero ahí está. Durante el sueño, el subconsciente puede producir sensaciones efímeras, de duración quántica, a la par que su intensidad puede ser medible en “gigas”; estas son las que permanecerán en nuestra mente, ya en estado de vigilia, y que suelen ser recurrentes. Pero carezco de información suficiente para medir esa “temporalidad”, ya que desconozco el tiempo que mi mente permanece emitiendo imágenes ya que, habitualmente, sólo recuerdo una parte de lo soñado y, además, al despertar va disminuyendo el grado de perceptibilidad.
Curiosamente, cada sensación percibida puede tener características distintas y, por tanto, ser valorada con diferentes formas de medir. Así, como en los sueños, una misma sensación puede ser medible en quantos por su duración y en gigas por su intensidad; y otra, por el contrario, muy nítida, puede medirse en gigas de perceptibilidad y en quantos de emotividad, si la emoción producida por la misma es muy pequeña.
*A su vez, todas estas dimensiones se encuentran “interrelacionadas” en cuanto que una sensación suele ser proporcional a la respuesta producida y viceversa, mas no siempre. Además, esta interrelación de acción y respuesta puede ser hipertrófica, es decir, puede tender hacia el infinito en una de sus percepciones al tiempo que la otra permanece infinitesimal tendiendo a la nada. O viceversa.
*Al final, he llegado a la conclusión que más que la medición de sus cualidades, lo más importante son la cantidad de “unidades de percepción”, sean del tipo que sean, puesto que a mayor número de unidades se supone que su separación en el tiempo será menor, y está comprobado que la suma de pequeños “quantos” de belleza segrega un extraño producto que permanece en nuestra mente y que llamamos “felicidad”. Así que, una vez que he descubierto este aserto, procuraré recibir cuantas más “unidades de percepción” mejor, para así segregar más cantidad de ese extraño producto. Y bien que extraño puesto que cada individuo lo siente de distinta manera y por distinta causa, sin hablar de la “variabilidad” o fluctuación que existe al segregarse de unos individuos a otros, puesto que, mientras unos, con unas pocas “unidades de percepción” producen grandes cantidades del producto, otros, en cambio, sin motivo aparente o causa que lo justifique, aun disponiendo de múltiples “unidades de percepción” de belleza, parecen sumidos en un sempiterno estado de acritud, el cual segrega un antígeno que anula aquel extraño producto pero tan hermoso y necesario como es la felicidad.
*Me pregunto si una imagen de belleza aprehendida puede repetirse a voluntad. Pienso que la capacidad de repetición podría ser proporcional a la intensidad de la emoción recibida, aunque supongo que variará de unos individuos a otros. En cualquier caso, ese flash de belleza se irá diluyendo en el tiempo haciéndose cada vez más difuso. Es nuestra condición humana. Es la diferencia del “disco duro” humano con el de las máquinas que pueden reproducir la imagen las veces que se precise sin perder su intensidad.
¿Podríamos educar o entrenar la mente para aumentar o mejorar la capacidad de percepción de la belleza, o es ésta una simple cualidad heredada no susceptible de mejora? Y en caso de ser heredada y entrenada, ¿en qué porcentaje se desarrollaría cada una de ellas?
*Pienso que cualquiera puede quedar deslumbrado al observar el “phi” de las cosas bellas, encerradas en esa proporción áurea que van repitiendo infinitamente hasta que “el ojo de Dios” te devuelve tu mirada, como queriéndote agradecer el haber sido por ti aprehendidas. O el placer que pudiera sentir cuando, en un paseo por la naturaleza, descubra, en un pequeño ser, la eterna espiral de sus áureas proporciones comprimidas infinitamente hasta ese ojo céntrico, o la contemplación de esa misma espiral en una galaxia que se expande infinitamente en proporciones inimaginables. O, y esta vez sin proporción alguna, sentir la belleza al ver una mujer que ríe, o la belleza de una mujer que llora…. O la contenida dentro de un pentagrama….
*Lo que tengo claro es que cualquier sensación es percibida a través de los sentidos sólo cuando se da la condición de “consciencia”. Y también que la herencia recibida influye claramente en la calidad de los sentidos, vista, oído, olfato, gusto y tacto, y no tan claro en lo de “ser consciente” de las percepciones de belleza y quizás ahí sí pudiéramos educarnos o entrenarnos. Al mismo tiempo, pienso que cuando uno de los sentidos está dañado o disminuido el resto de ellos se acrecienta al utilizarlos. Eso dicen de los ciegos, mudos, etc. y en verdad así lo creo. Al igual que, con la edad, disminuye la cualidad de éstos, mas no así la “consciencia” que, bien al contrario, se acrecienta, mejorando el resultado final de percepción.
*También me gustaría saber si la belleza se esparce más por los grandes espacios o se encuentra a menudo dentro de las pequeñas cosas; y también por qué a veces se queda en la superficie y otras permanece escondida. Pienso que normalmente aparece cuando se juntan varios factores como la luz, formas, sonidos y el conjunto es percibido por alguien, pero desconozco si esta percepción permanece más o menos tiempo en función de la calidad de los sentidos o de la “memoria interna adquirida” como cualidad heredada y desarrollada en el tiempo en función de la educación y el esfuerzo. En este caso, ¿cómo podría coleccionarse en nuestro defectuoso disco duro? ¿En qué porcentaje? ¿Cómo podemos mejorar esa colección de imágenes, sensaciones, percepciones….. que aumentan el fin último que es la felicidad?
*Por último, me gustaría saber si la felicidad conseguida a partir de estas sensaciones es limitada, o bien su duración o su intensidad pueden ir en aumento de tal manera que te puedan llegar a dejar en estado de shock, o si la relación temporalidad/profundidad son contrapuestas. Ante la imposibilidad de saberlo, creo que deberé contentarme con los pequeños retazos de esta extraña y tan preciada sustancia que la vida proporciona y no pretender atiborrarme de la misma porque me puede sentar mal. Lo que sí percibo es que el extraño producto se segrega mientras escribo esto…., luego se para, cuando me levanto y dejo de escribir….. y continúa al seguir con otros escritos……. Sí, es extraño de verdad…

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