Conforme iban alejándose aquellos horribles estruendos pude comprobar sus mortíferos efectos. Esta vez, la muerte había pasado bien a ras de suelo su guadaña. El silencio de la noche era constantemente interrumpido por llantos y gritos desgarradores. Sobreviví. Intentaba dormir, acurrucado en mi trinchera junto al cuerpo de un soldado muerto, cuando un nuevo y trágico amanecer me despertó.

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