EL VIGÍA IMPERTINENTE (adaptación teatral)

ACTORES:
*FEDERICO: Un sargento chusquero del ejército de carros.
*DAMIÁN: Un vendedor de quesos manchego.
*MARINILLA: Camarera de la cervecería San Patrick.
*PATRICIO: Dueño de la cervecería San Patrick.
*JUANICO: Vendedor de loterías, algo retrasado.
*CARMINA: Esposa (2ª) de Patricio, más joven que él, y madre (soltera) de Marinilla.
*MANOLO: Repartidor de bebidas.
*ESTEBAN: Vendedor y reparador de electrodomésticos

DECORADO: Ambientación de una cervecería de barrio en Burgos.
NARRADOR: Esta historia me la contó un sevillano y, ya se sabe, los sevillanos son todos una mihita de fuleros, pero me la repitió tantos cientos de veces que he terminado dándola por cierta. El sucedío comenzaba así:
(Entra FEDERICO y se sienta. Después entra DAMIÁN. Dos habituales del bar)
FEDERICO: (con sorna): ¡Vaya! ¡Qué alegría! Gente del barrio.
DAMIÁN: La misma de to los días.
FEDERICO: Uno que viene a mirar…si compra o vende.
DAMIÁN: Lo dices por ti ¿no?
FEDERICO: Hoy no está la camarera, así que….. ya te puedes ir.
DAMIÁN: Vendrá cuando tú no estés. Te tiene mu visto.
FEDERICO: ¡Calla! ¡Mal bicho! ¡Vendedor de gusanos! Vete a vender tu mercancía a otra parte.
DAMIÁN: ¡Cierra el pico, chusquero arrastrao! Que no te enteras de ná.
FEDERICO: No me dirás que Marinilla te hace algún caso… aparte de comprarte los quesos.
DAMIÁN: No te lo diré. Lo verás. Como que es mi novia. Y pronto nos casaremos.
FEDERICO: ¡Vaya farol! ¿Cómo va a preferir tus quesos malolientes a mis galones….? Que sepas que, antes de un año, me ascenderán a teniente… ¡y sin pasar por brigada!.
DAMIÁN: ¿Esa bola le has contao?
FEDERICO: Ya tengo hechas las tarjetas de teniente. Ayer le dejé una… junto a la propina, al servirme la caña.
DAMIÁN: Pues yo, también ayer, le regalé un buen queso manchego, que pasaría de dos kilos, para que ponga de tapas a todos los clientes. Tú mismo podrás degustarlo mañana.
FEDERICO: Juegas con ventaja….el sueldo de sargento no da para esos regalitos…
DAMIÁN: ¿Y cómo reaccionó ella al leer tu tarjeta… de teniente?
FEDERICO: La rompió sin leerla. Dio media vuelta y se metió en la cocina. ¡Pero como me llamo Federico que no he de catar tus tapas de queso!
DAMIÁN: ¡Que te den morcilla entonces! Ahí te quedas, que tengo que trabajar.
(Sale Damián)
FEDERICO: ¡Ay, mujeres…! ¿Cómo pueden preferir un tendero mugroso a un ilustre sargento del ejército español, cuyo valor se le supone, y es digno de admiración para todos? Pero aquí me va a tener, vigilando para que ni éste ni nadie se la pueda dar… con queso.
(Entra un vendedor de loterías, algo retrasado, y un poco cojo, aunque joven y guapo)
JUANICO: ¡Para el jueves! ¡El Especial Día del Padre! ¿Quieres uno?
FEDERICO: Hola Juanico ¿Qué te trae por aquí?
JUANICO: ¿No lo ves? Vendo billetes de lotería. ¿Quieres uno?
FEDERICO: Ya, ya… Pero, con todos los bares que hay por esta calle, ¿por qué pasas tantas veces por éste?
JUANICO: Porque tiene mucha clientela. Y buena. Suelo vender mucho aquí.
FEDERICO: ¿Ah sí? Y la camarera….. te suele comprar?
JUANICO: Sí, claro. Le dejo una tira y me los va vendiendo.
FEDERICO: ¿Te parece… simpática la Marinilla, no?
JUANICO: Muchooo, mucho simpática.
FEDERICO: ¡Pues dame todos los que te quedan y ¡ala! (le enseña la pistola) No vuelvas por aquí en tres días o te pego un tiro.
JUANICO: ¡Ni en tres semanas volveré! Toma, toma. Son cien duros…. Adios, adiós….
(Sale Juanico cojeando rápido)
FEDERICO: Si es que uno tiene que tener un cuidaooo…
(Entra Manolo, repartidor de bebidas, gusanitos y bolsas de patatas fritas, obeso y fanfarrón)
MANOLO: ¡Marinillaaaaa! ¿Cuántas cajas de Mahou te dejo y cuántas patatas fritas?
(Sale Marinilla de la cocina al mostrador)
MARINILLA: Hola Manuel. ¿Me traes también los refrescos que te pedí?
MANOLO: Sí, sí. Y además unas cajas de zumos especiales para coctel y unas botellas de vino de Rioja. Todo a un precio muy bueno. Te van a gustar. ¿Te las dejo?
MARINILLA: Vete dejándolas ahí, que estoy preparando las tortillas. (Entra a la cocina)
FEDERICO: ¿Conoces a Marinilla?
MANOLO: Claro, hace mucho. ¿Por qué me lo preguntas?
FEDERICO: Por nada. ¿Y te parece que es guapa y simpática?
MANOLO: Guapísima. Es un sol de chiquilla.
FEDERICO: Pues ¡hala! Deja las cajas y ya te estás marchando.
MANOLO: ¡Pero bueno! ¿No voy a poder hacer mi trabajo como yo quiera?
FEDERICO: (Enseñándole la pistola) ¡Que te largues ya, te digo!
MANOLO: ¡Tranquilo, hombre, que ya me voy! (Sale disparado)
FEDERICO: ¡Zape! Que no es bueno que haya muchos ratones, que luego… no se sabe quién se come el queso.
(Vuelve Marinilla al mostrador)
MARINILLA: ¿Y Manuel?
FEDERICO: Ha dejado eso ahí y se ha ido.
MARINILLA: ¡Jesús qué prisas! Que le tengo que hacer el pedido de la semana… Manuelllll
(Sale a la calle llamándole a gritos)
FEDERICO: (Señalando a la pistola:) Tu vas a ser… mi guarda cuidadosa…
(Se pone a cantar:)
Soldado de Nápoles
que vas a la guerra..
mi voz recordándote,
cantando te espera.
Cariño del alma….. ven
que vas a probar
la dicha de amar…
(Entra Esteban, vendedor y reparador de electrodomésticos)
ESTEBAN: ¿No está la camarera?
FEDERICO: ¿Qué camarera?
ESTEBAN: ¡Quien va a ser? Marinilla. Me ha llamado para que repare la cafetera.
FEDERICO: ¿Otra vez? Vienes mucho tú por aquí ¿no?
ESTEBAN: Siempre que me llaman. Como el bar tiene sus años, cuando no es el lavavajillas, se les estropea la cafetera, o el molinillo… (Entra al mostrador y se pone a revisar la cafetera)
FEDERICO: ¿Y dónde tenéis la tienda?
ESTEBAN: En la calle Hospital de los Ciegos. En el trece.
FEDERICO: Es que yo necesito… una lavadora para mi casa.
ESTEBAN.: Pues me dejas una señal y te la instalo mañana.
FEDERICO: No tengo dinero aquí.
ESTEBAN: Pues sin señal no hay lavadora.
FEDERICO: ¿Cómo, qué no te fías de mí, que soy un sargento del glorioso ejército español?
ESTEBAN: Ni aunque fueras un general te la fiaría.
FEDERICO: (Sacando la pistola) Pues largo de aquí, sinvergüenza, o te pego un tiro.
ESTEBAN: (Sale corriendo gritando:) ¡Un loco! ¡Un loco!
FEDERICO: ¡Fuera! ¡El que no quiera polvo que no vaya a la era! (Mirando y guardando la pistola): Tranquila mi arma. ¡Pero bueno! ¿Es que aquí todo el mundo quiere ver a Marinilla?
(Vuelve Marinilla de la calle cantando y moviendo las caderas muy contenta, con los brazos en jarras)
MARINILLA: A la Mancha manchego
que hay mucho vino,
mucho pan, mucho queso,
mucho tocino.
Y si vas a la Mancha
no te alborotes
porque vas a la tierra
de Don Quijote.. (le hace una carantoña al sargento)
FEDERICO: ¿Ya has estado con el quesero? Seguro que él te ha enseñado esas coplas…Como bien se dice: los manchegos no se enamoran. ¡Se ponen borricos!
MARINILLA: ¡Anda ya, Federico! Voy a preparar unos duelos y quebrantos (Entra en la cocina)
FEDERICO: ¡A su tiempo maduran las brevas! Ya caerá esa pieza.
(Llega Patricio el dueño del bar)
PATRICIO: ¿Qué pasa con usted que lleva toda la mañana en el bar? ¿Es que necesita algo?
FEDERICO: ¿Es usted el padre de Marinilla?
PATRICIO: Como si lo fuera.
FEDERICO: Pues mire, mire este papel. (Saca una hoja) Aquí me proponen para teniente del ejército español. Y vea la firma de ahí abajo: El Generalísimo Francisco Franco.
PATRICIO: Muy bien ¿Y a mí qué?
FEDERICO: (Saca otro papel) Y vea, vea este otro: Aquí figuran todos los destacamentos en los que he servido a la Patria: el CIR de Araca, el cuartel de artillería de Burgos, el polvorín de Ibeas…que, aunque usted no entienda de ejércitos, sepa que son sitios muy importantes.
PATRICIO: No me importan para nada tus servicios. Más trabajo tengo yo aquí con este bar.
FEDERICO: ¿Pues cómo no le van a importar?
PATRICIO: ¡Nada de nada!.
FEDERICO: Sepa usted que, en cuanto me nombren teniente, me casaré con Marinilla y usted podrá presumir de tener un yerno importante.
PATRICIO: ¿Cómo? ¿Será posible? ¿De dónde ha salido este hombre?
(Entra Damián el vendedor de quesos con un amigo)
PATRICIO: (Dirigiéndose a Damián) ¡A tiempo, Damián! Mira a ver…. que este chusquero te quiere quitar la novia. ¿Quieres que le despache?
AMIGO: ¿Ëste es el que te está molestando? Déjame, que yo me encargo de echarle.
FEDERICO: (Sacando el arma) ¡Quietos, manchegos embaucadores! Que a la mujer y al queso, de vez en cuando y con tiento. ¡Apartaos! Que no es lo mismo predicar que dar trigo.
AMIGO: ¡Cobarde! Si no fuera por ese arma… ya te hubiera despachado al otro mundo.
PATRICIO: ¡Parad todos! ¡Que llamo a la policía!
FEDERICO: ¡No hace falta la policía estando aquí el ejército!
(Le agarra Damián por detrás y se pelean con las manos Federico y el quesero)
(Sale Marinilla de la cocina y se echa las manos a la cabeza)
MARINILLA: ¡Madre! ¡Madre! ¡Que le pegan a mi novio!
(Sale Carmina de la cocina, la madre de Marinilla)
CARMINA: ¡Socorro! ¡Socorro! ¿Y este hombre quién es?
FEDERICO: Soy su sargento. Y el vigilante pretendiente de Marinilla. A sus órdenes, señora.
CARMINA: (Abrazando a Patricio) ¿Te han herido, marido?
PATRICIO: No te preocupes mujer. Pero que sepas que toda esta pelea es por Marinilla. ¡Los dos están celosos por ella!
CARMINA: ¿Es verdad eso, hija mía?
MARINILLA: Sí, madre.
CARMINA: ¿Y tienes algún lío con alguno de ellos?
MARINILLA: Sí, madre.
CARMINA: ¡Mírala! ¡Con que poca vergüenza lo dice! ¿No ves que eres muy joven para liarte con nadie? ¿Y con quién, si puede saberse?
MARINILLA: Con el quesero.
CARMINA: ¿Pero… cómo…, cuándo…., dónde?
MARINILLA: Nos vemos en la discoteca… los sábados…
CARMINA: ¡Ah bueno! ¿No te habrá llevado a su casa el muy golfo?
MARINILLA: No, no.
CARMINA: ¡Menos mal! El alma se me ha vuelto al cuerpo.
MARINILLA: Y ayer, junto a un queso, me ha dejado este escrito en el que se compromete a casarse conmigo, cuando yo quiera.
FEDERICO: (Mirando al público y en voz baja) Se la quiere dar con queso.
PATRICIO: Déjame que lo lea: “Yo, Damián Cano Toledano, comerciante de quesos de esta localidad, afirmo que quiero mucho a Marinilla Sarmiento. No miento. Y que me comprometo a casarme con ella cuando y donde ella quiera. Firmado aquí en Burgos, junto a la ribera del Arlanzón, siendo testigos los chupiteles de la Catedral y la Iglesia de San Cosme. Damián.”
CARMINA: ¡Pero ya tienes ganas de casarte?
MARINILLA: Pues sí, madre.
FEDERICO: Marinilla, tú que eres tan guapa e inteligente….¡niña, elígeme a mí!. Mira que voy a ser teniente y vas a vivir como una reina.
DAMIAN: ¡No creerás a este…solicitante de cargos! Que al que pide en exceso, le dan…. lo que envuelve al queso. ¡Cásate conmigo! que algo vale el queso que se da por beso.
MARINILLA: Sí, elijo a Damián. (Se arrima a él y se dan un beso)
FEDERICO: Me rindo. Que, aunque lo que tiñe la mora otra verde descolora, por esta vez tengo las de perder. La verdad, como el aceite, queda por encima siempre. ¿Me perdonas mis celos Marinilla?
MARINILLA: ¡Olvidao!
DAMIÁN: Pues lo olvidao, ni agradecido ni pagao. Ahí te quedas pringao.
(Se va Damián con Marinilla del brazo)
FEDERICO: No hay galones suficientes contra quesos malolientes. Las promesas de futuros cargos no tienen nada que hacer, pues las mujeres, ya se sabe, prefieren siempre pájaro en mano que ciento volando. Y teniendo a mano un negocio, ya no quieren otro socio.
Ya no se estima el valor
y sólo importa el dinero.
Y es que prefiere un quesero
al dorado de un galón,
que, donde hay fuerza de hecho,
se pierde cualquier derecho.
Aunque me llamen chusquero
yo soy todo corazón
y ahora entiendo la razón
de sacar del mar el mero,
que donde hay fuerza de hecho
se pierde cualquier derecho.

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