Teatrillo

EL VIGÍA IMPERTINENTE (adaptación teatral)

ACTORES:
*FEDERICO: Un sargento chusquero del ejército de carros.
*DAMIÁN: Un vendedor de quesos manchego.
*MARINILLA: Camarera de la cervecería San Patrick.
*PATRICIO: Dueño de la cervecería San Patrick.
*JUANICO: Vendedor de loterías, algo retrasado.
*CARMINA: Esposa (2ª) de Patricio, más joven que él, y madre (soltera) de Marinilla.
*MANOLO: Repartidor de bebidas.
*ESTEBAN: Vendedor y reparador de electrodomésticos

DECORADO: Ambientación de una cervecería de barrio en Burgos.
NARRADOR: Esta historia me la contó un sevillano y, ya se sabe, los sevillanos son todos una mihita de fuleros, pero me la repitió tantos cientos de veces que he terminado dándola por cierta. El sucedío comenzaba así:
(Entra FEDERICO y se sienta. Después entra DAMIÁN. Dos habituales del bar)
FEDERICO: (con sorna): ¡Vaya! ¡Qué alegría! Gente del barrio.
DAMIÁN: La misma de to los días.
FEDERICO: Uno que viene a mirar…si compra o vende.
DAMIÁN: Lo dices por ti ¿no?
FEDERICO: Hoy no está la camarera, así que….. ya te puedes ir.
DAMIÁN: Vendrá cuando tú no estés. Te tiene mu visto.
FEDERICO: ¡Calla! ¡Mal bicho! ¡Vendedor de gusanos! Vete a vender tu mercancía a otra parte.
DAMIÁN: ¡Cierra el pico, chusquero arrastrao! Que no te enteras de ná.
FEDERICO: No me dirás que Marinilla te hace algún caso… aparte de comprarte los quesos.
DAMIÁN: No te lo diré. Lo verás. Como que es mi novia. Y pronto nos casaremos.
FEDERICO: ¡Vaya farol! ¿Cómo va a preferir tus quesos malolientes a mis galones….? Que sepas que, antes de un año, me ascenderán a teniente… ¡y sin pasar por brigada!.
DAMIÁN: ¿Esa bola le has contao?
FEDERICO: Ya tengo hechas las tarjetas de teniente. Ayer le dejé una… junto a la propina, al servirme la caña.
DAMIÁN: Pues yo, también ayer, le regalé un buen queso manchego, que pasaría de dos kilos, para que ponga de tapas a todos los clientes. Tú mismo podrás degustarlo mañana.
FEDERICO: Juegas con ventaja….el sueldo de sargento no da para esos regalitos…
DAMIÁN: ¿Y cómo reaccionó ella al leer tu tarjeta… de teniente?
FEDERICO: La rompió sin leerla. Dio media vuelta y se metió en la cocina. ¡Pero como me llamo Federico que no he de catar tus tapas de queso!
DAMIÁN: ¡Que te den morcilla entonces! Ahí te quedas, que tengo que trabajar.
(Sale Damián)
FEDERICO: ¡Ay, mujeres…! ¿Cómo pueden preferir un tendero mugroso a un ilustre sargento del ejército español, cuyo valor se le supone, y es digno de admiración para todos? Pero aquí me va a tener, vigilando para que ni éste ni nadie se la pueda dar… con queso.
(Entra un vendedor de loterías, algo retrasado, y un poco cojo, aunque joven y guapo)
JUANICO: ¡Para el jueves! ¡El Especial Día del Padre! ¿Quieres uno?
FEDERICO: Hola Juanico ¿Qué te trae por aquí?
JUANICO: ¿No lo ves? Vendo billetes de lotería. ¿Quieres uno?
FEDERICO: Ya, ya… Pero, con todos los bares que hay por esta calle, ¿por qué pasas tantas veces por éste?
JUANICO: Porque tiene mucha clientela. Y buena. Suelo vender mucho aquí.
FEDERICO: ¿Ah sí? Y la camarera….. te suele comprar?
JUANICO: Sí, claro. Le dejo una tira y me los va vendiendo.
FEDERICO: ¿Te parece… simpática la Marinilla, no?
JUANICO: Muchooo, mucho simpática.
FEDERICO: ¡Pues dame todos los que te quedan y ¡ala! (le enseña la pistola) No vuelvas por aquí en tres días o te pego un tiro.
JUANICO: ¡Ni en tres semanas volveré! Toma, toma. Son cien duros…. Adios, adiós….
(Sale Juanico cojeando rápido)
FEDERICO: Si es que uno tiene que tener un cuidaooo…
(Entra Manolo, repartidor de bebidas, gusanitos y bolsas de patatas fritas, obeso y fanfarrón)
MANOLO: ¡Marinillaaaaa! ¿Cuántas cajas de Mahou te dejo y cuántas patatas fritas?
(Sale Marinilla de la cocina al mostrador)
MARINILLA: Hola Manuel. ¿Me traes también los refrescos que te pedí?
MANOLO: Sí, sí. Y además unas cajas de zumos especiales para coctel y unas botellas de vino de Rioja. Todo a un precio muy bueno. Te van a gustar. ¿Te las dejo?
MARINILLA: Vete dejándolas ahí, que estoy preparando las tortillas. (Entra a la cocina)
FEDERICO: ¿Conoces a Marinilla?
MANOLO: Claro, hace mucho. ¿Por qué me lo preguntas?
FEDERICO: Por nada. ¿Y te parece que es guapa y simpática?
MANOLO: Guapísima. Es un sol de chiquilla.
FEDERICO: Pues ¡hala! Deja las cajas y ya te estás marchando.
MANOLO: ¡Pero bueno! ¿No voy a poder hacer mi trabajo como yo quiera?
FEDERICO: (Enseñándole la pistola) ¡Que te largues ya, te digo!
MANOLO: ¡Tranquilo, hombre, que ya me voy! (Sale disparado)
FEDERICO: ¡Zape! Que no es bueno que haya muchos ratones, que luego… no se sabe quién se come el queso.
(Vuelve Marinilla al mostrador)
MARINILLA: ¿Y Manuel?
FEDERICO: Ha dejado eso ahí y se ha ido.
MARINILLA: ¡Jesús qué prisas! Que le tengo que hacer el pedido de la semana… Manuelllll
(Sale a la calle llamándole a gritos)
FEDERICO: (Señalando a la pistola:) Tu vas a ser… mi guarda cuidadosa…
(Se pone a cantar:)
Soldado de Nápoles
que vas a la guerra..
mi voz recordándote,
cantando te espera.
Cariño del alma….. ven
que vas a probar
la dicha de amar…
(Entra Esteban, vendedor y reparador de electrodomésticos)
ESTEBAN: ¿No está la camarera?
FEDERICO: ¿Qué camarera?
ESTEBAN: ¡Quien va a ser? Marinilla. Me ha llamado para que repare la cafetera.
FEDERICO: ¿Otra vez? Vienes mucho tú por aquí ¿no?
ESTEBAN: Siempre que me llaman. Como el bar tiene sus años, cuando no es el lavavajillas, se les estropea la cafetera, o el molinillo… (Entra al mostrador y se pone a revisar la cafetera)
FEDERICO: ¿Y dónde tenéis la tienda?
ESTEBAN: En la calle Hospital de los Ciegos. En el trece.
FEDERICO: Es que yo necesito… una lavadora para mi casa.
ESTEBAN.: Pues me dejas una señal y te la instalo mañana.
FEDERICO: No tengo dinero aquí.
ESTEBAN: Pues sin señal no hay lavadora.
FEDERICO: ¿Cómo, qué no te fías de mí, que soy un sargento del glorioso ejército español?
ESTEBAN: Ni aunque fueras un general te la fiaría.
FEDERICO: (Sacando la pistola) Pues largo de aquí, sinvergüenza, o te pego un tiro.
ESTEBAN: (Sale corriendo gritando:) ¡Un loco! ¡Un loco!
FEDERICO: ¡Fuera! ¡El que no quiera polvo que no vaya a la era! (Mirando y guardando la pistola): Tranquila mi arma. ¡Pero bueno! ¿Es que aquí todo el mundo quiere ver a Marinilla?
(Vuelve Marinilla de la calle cantando y moviendo las caderas muy contenta, con los brazos en jarras)
MARINILLA: A la Mancha manchego
que hay mucho vino,
mucho pan, mucho queso,
mucho tocino.
Y si vas a la Mancha
no te alborotes
porque vas a la tierra
de Don Quijote.. (le hace una carantoña al sargento)
FEDERICO: ¿Ya has estado con el quesero? Seguro que él te ha enseñado esas coplas…Como bien se dice: los manchegos no se enamoran. ¡Se ponen borricos!
MARINILLA: ¡Anda ya, Federico! Voy a preparar unos duelos y quebrantos (Entra en la cocina)
FEDERICO: ¡A su tiempo maduran las brevas! Ya caerá esa pieza.
(Llega Patricio el dueño del bar)
PATRICIO: ¿Qué pasa con usted que lleva toda la mañana en el bar? ¿Es que necesita algo?
FEDERICO: ¿Es usted el padre de Marinilla?
PATRICIO: Como si lo fuera.
FEDERICO: Pues mire, mire este papel. (Saca una hoja) Aquí me proponen para teniente del ejército español. Y vea la firma de ahí abajo: El Generalísimo Francisco Franco.
PATRICIO: Muy bien ¿Y a mí qué?
FEDERICO: (Saca otro papel) Y vea, vea este otro: Aquí figuran todos los destacamentos en los que he servido a la Patria: el CIR de Araca, el cuartel de artillería de Burgos, el polvorín de Ibeas…que, aunque usted no entienda de ejércitos, sepa que son sitios muy importantes.
PATRICIO: No me importan para nada tus servicios. Más trabajo tengo yo aquí con este bar.
FEDERICO: ¿Pues cómo no le van a importar?
PATRICIO: ¡Nada de nada!.
FEDERICO: Sepa usted que, en cuanto me nombren teniente, me casaré con Marinilla y usted podrá presumir de tener un yerno importante.
PATRICIO: ¿Cómo? ¿Será posible? ¿De dónde ha salido este hombre?
(Entra Damián el vendedor de quesos con un amigo)
PATRICIO: (Dirigiéndose a Damián) ¡A tiempo, Damián! Mira a ver…. que este chusquero te quiere quitar la novia. ¿Quieres que le despache?
AMIGO: ¿Ëste es el que te está molestando? Déjame, que yo me encargo de echarle.
FEDERICO: (Sacando el arma) ¡Quietos, manchegos embaucadores! Que a la mujer y al queso, de vez en cuando y con tiento. ¡Apartaos! Que no es lo mismo predicar que dar trigo.
AMIGO: ¡Cobarde! Si no fuera por ese arma… ya te hubiera despachado al otro mundo.
PATRICIO: ¡Parad todos! ¡Que llamo a la policía!
FEDERICO: ¡No hace falta la policía estando aquí el ejército!
(Le agarra Damián por detrás y se pelean con las manos Federico y el quesero)
(Sale Marinilla de la cocina y se echa las manos a la cabeza)
MARINILLA: ¡Madre! ¡Madre! ¡Que le pegan a mi novio!
(Sale Carmina de la cocina, la madre de Marinilla)
CARMINA: ¡Socorro! ¡Socorro! ¿Y este hombre quién es?
FEDERICO: Soy su sargento. Y el vigilante pretendiente de Marinilla. A sus órdenes, señora.
CARMINA: (Abrazando a Patricio) ¿Te han herido, marido?
PATRICIO: No te preocupes mujer. Pero que sepas que toda esta pelea es por Marinilla. ¡Los dos están celosos por ella!
CARMINA: ¿Es verdad eso, hija mía?
MARINILLA: Sí, madre.
CARMINA: ¿Y tienes algún lío con alguno de ellos?
MARINILLA: Sí, madre.
CARMINA: ¡Mírala! ¡Con que poca vergüenza lo dice! ¿No ves que eres muy joven para liarte con nadie? ¿Y con quién, si puede saberse?
MARINILLA: Con el quesero.
CARMINA: ¿Pero… cómo…, cuándo…., dónde?
MARINILLA: Nos vemos en la discoteca… los sábados…
CARMINA: ¡Ah bueno! ¿No te habrá llevado a su casa el muy golfo?
MARINILLA: No, no.
CARMINA: ¡Menos mal! El alma se me ha vuelto al cuerpo.
MARINILLA: Y ayer, junto a un queso, me ha dejado este escrito en el que se compromete a casarse conmigo, cuando yo quiera.
FEDERICO: (Mirando al público y en voz baja) Se la quiere dar con queso.
PATRICIO: Déjame que lo lea: “Yo, Damián Cano Toledano, comerciante de quesos de esta localidad, afirmo que quiero mucho a Marinilla Sarmiento. No miento. Y que me comprometo a casarme con ella cuando y donde ella quiera. Firmado aquí en Burgos, junto a la ribera del Arlanzón, siendo testigos los chupiteles de la Catedral y la Iglesia de San Cosme. Damián.”
CARMINA: ¡Pero ya tienes ganas de casarte?
MARINILLA: Pues sí, madre.
FEDERICO: Marinilla, tú que eres tan guapa e inteligente….¡niña, elígeme a mí!. Mira que voy a ser teniente y vas a vivir como una reina.
DAMIAN: ¡No creerás a este…solicitante de cargos! Que al que pide en exceso, le dan…. lo que envuelve al queso. ¡Cásate conmigo! que algo vale el queso que se da por beso.
MARINILLA: Sí, elijo a Damián. (Se arrima a él y se dan un beso)
FEDERICO: Me rindo. Que, aunque lo que tiñe la mora otra verde descolora, por esta vez tengo las de perder. La verdad, como el aceite, queda por encima siempre. ¿Me perdonas mis celos Marinilla?
MARINILLA: ¡Olvidao!
DAMIÁN: Pues lo olvidao, ni agradecido ni pagao. Ahí te quedas pringao.
(Se va Damián con Marinilla del brazo)
FEDERICO: No hay galones suficientes contra quesos malolientes. Las promesas de futuros cargos no tienen nada que hacer, pues las mujeres, ya se sabe, prefieren siempre pájaro en mano que ciento volando. Y teniendo a mano un negocio, ya no quieren otro socio.
Ya no se estima el valor
y sólo importa el dinero.
Y es que prefiere un quesero
al dorado de un galón,
que, donde hay fuerza de hecho,
se pierde cualquier derecho.
Aunque me llamen chusquero
yo soy todo corazón
y ahora entiendo la razón
de sacar del mar el mero,
que donde hay fuerza de hecho
se pierde cualquier derecho.

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Una vida sencilla-III

CAPÍTULO III de III.- Jaque mate

En una amplia habitación doble del Sheraton, con vistas al mar, a unos dos kilómetros del centro de Santo Domingo, Fed y Estela deshacían sus maletas. Desde la terraza de la suite del piso superior, Raúl contemplaba la puesta de sol, que llenaba de reflejos dorados los troncos de las palmeras y tornaba en color cereza el agua de los aspersores situados en los jardines próximos. Era miércoles y el sábado debería afrontar la esperada final del mundial de ajedrez.

Cenaron juntos compartiendo el exquisito buffet y la amplia gama de productos veganos tropicales, lo que Estela agradeció. Para Fed, aquello era una pasada.

-“Bon appétit”–brindó Raúl. -He hablado con el Director del Hotel. Disponemos de la sala de espectáculos las mañanas del jueves y viernes, que están libres. Es aún mayor que el teatro de Barcelona donde actuáis. Tendremos equipos de sonido, iluminación, cámaras de grabación, pantallas…, lo que queramos.

-Todo para una gran actuación…. sin actores ni espectadores- replicó Estela.

-Tú serás la estrella. Debes emocionarte… como si la sala estuviera repleta.

-De momento prefiero no pensar en ello. Déjame degustar esta sopa de coco al curry con garbanzos, champiñones y vegetales, que está deliciosa.

En la boîte, la bachata y el merengue se turnaban machaconamente. Tomaron una copa y se retiraron pronto a dormir. El cansancio del viaje hacía mella.

Cuando bajaron a desayunar, Raúl ya salía del gimnasio y se disponía a darse un baño en la piscina. Sabían que a las diez estaría puntual en el auditorio.

Se asomaron a la puerta. El amplio teatro, a media luz, resultaba tétricamente vacío. Al entrar, una música angelical casi inaudible las saludó. Al fondo, dos enormes cortinas rojas se fueron abriendo mostrando tras ellas un misterioso espacio oscuro. Despacito, las dos mujeres se dirigieron hacia allí. Focos de todos los tamaños y colores se iban encendiendo a su paso iluminando el escenario. Paredes con hiedras, estatuas rotas, jarrones y un velador abierto, que intentaban simular el decorado de un jardín romántico. Silencio absoluto.

-¡Adelante! ¡A escena! -la voz de Raúl sonó demasiado amplificada y con eco.

-¡Por Dios, no nos des estos sustos! –exclamó Fed completamente pálida.

-¡Muéstranos tus artes teatrales! ¡Canta, ríe, baila, llora, ama, muere… lo que desees, pero siéntelo en tu alma! ¡Que yo lo sentiré! ¡Mi aura se transformará!

Tímidamente, Estela subió al escenario mientras Fed se sentó en la primera fila a tres butacas de Raúl. Se acercó al velador y se detuvo en el borde del banco de madera que lo circundaba. Sentada, apoyó su codo sobre la mesa y su mejilla descansó sobre su mano mientras su pelo azul tapaba su cara. Después de tres eternos minutos, se puso en pié y comenzó a recitar como Hamlet:

“Ser o no ser, esa es la cuestión. ¿Qué es más noble para el alma sufrir los golpes y las flechas de la injusta fortuna o tomar las armas contra un mar de adversidades y oponiéndose a ella, encontrar el fin? Morir, dormir… nada más; y con un sueño poder decir que acabamos con el sufrimiento del corazón y los mil choques que por naturaleza son herencia de la carne… Es un final piadosamente deseable. Morir, dormir, dormir… quizá soñar. Ahí está la dificultad. Ya que en ese sueño de muerte, los sueños que pueden venir cuando nos hayamos despojado de la confusión de esta vida mortal, nos hace frenar el impulso. Ahí está el respeto que hace de tan larga vida una calamidad. Pues quién soportaría los latigazos y los insultos del tiempo, la injusticia del opresor, el desprecio del orgulloso, el dolor penetrante de un amor despreciado, la tardanza de la ley, la insolencia del poder, y los insultos que el mérito paciente recibe del indigno cuando él mismo podría desquitarse de ellos con un puñal. Quejarse y sudar bajo una vida cansada, por el temor a algo después de la muerte…” 

-¡Alto! –interrumpió Raúl- No sigas. Tu aura se empequeñece. Debe ser por la tristeza que emana de ese poema. Necesitamos algo más alegre o divertido.

-Es cierto. No es nada apropiado hablar de la muerte. Probaré con otra cosa menos profunda y más alegre. Las palmeras y los jardines exteriores me recuerdan una divertida representación teatral que fue mi estreno en un escenario: El “Pic-Nic” de Fernando Arrabal. La ensayé tantas veces que aún recuerdo todos los papeles de memoria. Comenzaré con la primera escena.

“Diga… diga…A sus órdenes mi capitán… En efecto, soy el centinela de la cota 47… Sin novedad, mi capitán…Perdone, mi capitán, ¿cuándo empieza otra vez la batalla?… Y las bombas, ¿cuándo las tiro?… ¿Pero, por fin, hacia dónde las tiro, hacia atrás o hacia adelante?… No se ponga usted así conmigo. No lo digo para molestarles… Capitán, me encuentro muy solo… ¿No podría enviarme un compañero?…Aunque sea la cabra….. A sus órdenes… A sus órdenes, mi capitán.”

-¡Déjalo! Sigue sin funcionar. Continuaremos mañana… Y esta noche… piensa en algo más efectivo. ¡Ale, vámonos a visitar Santo Domingo! –finalizó Raúl.

-Ya lo siento. He intentado actuar lo mejor posible.

-No es tu culpa. Lo haces muy bien. Creo que no hemos acertado con el texto.

El taxi del hotel les llevó hasta el conjunto histórico colonial de Santo Domingo, patrimonio de la humanidad. Visitaron su majestuosa catedral, el hospital de San Nicolás y la primera iglesia de las Américas, el alcázar o palacio residencia de Diego Colón y el altar de la patria con todos sus próceres independentistas.

-Qué bien se está de vacaciones- exclamó Fed, entusiasmada con las visitas.

(Fed y Estela en el altar de la patria dominicana)

A las nueve de la mañana bajaron las dos amigas al buffet con vaporosos vestidos veraniegos que transparentaban sus curvas. Raúl ya había finalizado sus ejercicios en el gimnasio y las esperaba en el lobby leyendo la prensa.

-¿Qué tienes preparado para la actuación definitiva?- preguntó Raúl ansioso.

-Lo que mejor me sé de memoria: el conocido monólogo de “la vida es sueño”.

Raúl y Fed se sentaron como espectadores en la primera fila de butacas mientras Estela se colocaba de rodillas, en la parte oscura del escenario. Agachó la cabeza y su melena azul tapó  su cara. De pronto, comenzó a gritar:

¡Ay mísero de mí, ay, infelice!                                                                                                Apurar, cielos, pretendo,                                                                                                                ya que me tratáis así                                                                                                                   qué delito cometí                                                                                                                          contra vosotros naciendo;                                                                                                  aunque si nací, ya entiendo                                                                                                      qué delito he cometido:                                                                                                    bastante causa ha tenido                                                                                                      vuestra justicia y rigor,                                                                                                             pues el delito mayor
del hombre es haber nacido.

Sólo quisiera saber
para apurar mis desvelos
dejando a una parte, cielos,
el delito de nacer,
qué más os pude ofender
para castigarme más.
¿No nacieron los demás?
Pues si los demás nacieron,
¿qué privilegios tuvieron
qué yo no gocé jamás?

Nace el ave, y con las galas
que le dan belleza suma,
apenas es flor de pluma
o ramillete con alas,
cuando las etéreas salas
corta con velocidad,
negándose a la piedad
del nido que deja en calma;
¿y teniendo yo más alma,
tengo menos libertad?

Nace el bruto, y con la piel
que dibujan manchas bellas,
apenas signo es de estrellas
gracias al docto pincel,
cuando, atrevida y cruel
la humana necesidad
le enseña a tener crueldad,
monstruo de su laberinto;
¿y yo, con mejor instinto,
tengo menos libertad?

Hizo una pequeña pausa, miró a Raúl que permanecía impasible y continuó:

 Nace el pez, que no respira,
aborto de ovas y lamas,
y apenas, bajel de escamas,
sobre las ondas se mira,
cuando a todas partes gira,
midiendo la inmensidad
de tanta capacidad
como le da el centro frío;
¿y yo, con más albedrío,
tengo menos libertad?

Nace el arroyo, culebra
que entre flores se desata,
y apenas, sierpe de plata,
entre las flores se quiebra,
cuando músico celebra
de las flores la piedad
que le dan la majestad
del campo abierto a su huida;
¿y teniendo yo más vida
tengo menos libertad?

En llegando a esta pasión,
un volcán, un Etna hecho,
quisiera sacar del pecho
pedazos del corazón.
¿Qué ley, justicia o razón,
negar a los hombres sabe
privilegio tan süave,
excepción tan principal,
que Dios le ha dado a un cristal,
a un pez, a un bruto y a un ave?

 -¡Para! Es suficiente. No sigas. No me llega. La representación es perfecta pero tu aura no se mueve apenas. Déjalo. Es imposible. Abandonamos el asunto.

-Me gustaría intentarlo por última vez, ya que estamos aquí –respondió Estela-Probaré con otro famoso monólogo: el de Romeo y Julieta. Para eso, necesito que subas al escenario y permanezcas junto a mí, mirándome a los ojos.

Poco convencido, lentamente, Raúl subió al escenario y se situó junto a ella mientras Fed sonreía divertida en su butaca. Estela cogió su mano y comenzó:

¡Sólo tu nombre es mi enemigo! ¡Porque tú eres tú mismo, seas o no Montesco! ¿Qué es Montesco? No es ni mano, ni pie, ni brazo, ni rostro, ni parte alguna que pertenezca a un hombre. ¡Oh, sea otro nombre! ¿Qué hay en un nombre? ¡Lo que llamamos rosa exhalaría el mismo grato perfume con cualquiera otra denominación! De igual modo Romeo, aunque Romeo no se llamara, conservaría sin este título las raras perfecciones que atesora. ¡Romeo, rechaza tu nombre; y a cambio de ese nombre, que no forma parte de ti, tómame a mi toda entera! ¿Quién eres tú, que así, envuelto en la noche, sorprendes de tal modo mis secretos? ¿Quién fue tu guía para descubrir este sitio?

En ese momento, Estela le envolvió con sus brazos y amorosamente continuó:

Tú sabes que el velo de la noche cubre mi rostro; si así lo fuera, un rubor virginal verías teñir mis mejillas por lo que me oíste pronunciar esta noche. Gustosa quisiera guardar las formas, gustosa negar cuanto he hablado; pero, ¡adiós cumplimientos! ¿Me amas? Sé que dirás: sí, yo te creeré bajo tu palabra. Con todo, si lo jurases, podría resultar falso, y de los perjurios de los amantes dicen que se ríe Júpiter. ¡Oh gentil Romeo! Si de veras me quieres, decláralo con sinceridad; o, si piensas que soy demasiado ligera, me pondré desdeñosa y esquiva, y tanto mayor será tu empeño en galantearme. En verdad, arrogante Montesco, soy demasiado apasionada, y por ello tal vez tildes de liviana mi conducta; pero, créeme, hidalgo, daré pruebas de ser más sincera que las que tienen más destreza en disimular. Yo hubiera sido más reservada, lo confieso, de no haber tú sorprendido, sin que yo me apercibiese, mi verdadera pasión amorosa.

Después le besó apasionadamente y acarició su cabeza. Raúl, disuelto en ella como un azucarillo en un gran tazón de leche, se fue transformando en un ser de otro mundo. Respondió besándola furiosamente y sus lenguas pugnaban por adueñarse cada una del espacio de la otra y los labios, al ser mordidos, respondían agresivamente a sus contrarios. Al mismo tiempo, sus auras no paraban de crecer, quedando envueltos ambos en una inmensa nube amarilla.

-¿No lo veis?-repetía-¡Es cierto! ¡Mi maestro no me engañó! Has conseguido el milagro. Es el karma. Tu energía ha trascendido de tu cuerpo y se ha fundido con la mía. Acaba de nacer el hombre más inteligente del mundo…por un día.

Estela bajó del escenario, agarró de la mano a Fed  y abandonaron el salón.

-¿Qué te ha ocurrido? No esperaba esa reacción–preguntó Fed.

-No lo sé. Olvídalo. Sólo fue una actuación. Nosotras ya hemos cumplido. Por fin tiene lo que quería. A ver si mañana consigue ese dichoso campeonato.

-¿Sabes Estela? Me gustaría proponerte una cosa. Esta noche lo he estado pensando. Ya sé que estás muy a gusto en Barcelona, pero te veo un poco desperdigada. Y yo me veo sola. A veces, un cambio a tiempo sienta muy bien.

-¿A qué te refieres?

-Hace unos meses heredé de un tío mío unas fincas y un caserón antiguo situado en la misma plaza de Mayorga de Campos, en Valladolid. Estoy jubilada y Barcelona con todo su bullicio empieza a cansarme. Sé que para ti sería un cambio muy grande pero estoy segura que te encantarán sus casonas y la vega del río Cea. La gente es muy entrañable, a poco que trates con ellos. En este tipo de pueblos, un comercio bien preparado tipo cantina que, al mismo tiempo, ofrezca un poco de todos los productos tradicionales de la zona, funciona necesariamente. Te veo capaz de llevarlo. Tengo dinero suficiente para llevar a cabo una reforma del local de la planta baja y del piso situado sobre ella y me gustaría contar contigo para ponerlo en marcha. ¿Qué opinas?

-Así, de repente… Te prometo que lo pensaré. Sabes que no te puedo aportar nada más que mi trabajo. Tardarás muchos años en recuperar esa inversión.

-No te preocupes por eso. Yo no necesito el dinero. Cada año, invertiremos los beneficios en vacaciones para ambas. Eso será suficiente. ¿Te parece?

-¿Y dónde viviremos?

-El piso de la casona es suficientemente grande para las dos y, por otra parte, ya sabemos lo que es vivir juntas. Será como en Barcelona sin el inconveniente de tenerte que desplazar para acudir al trabajo y sin mayor preocupación que mejorar un poco la tienda cada día y atender con una sonrisa a los clientes. Haremos muchos amigos. Lo sé. Trabajar y disfrutar, ese es el objetivo.

-Sí…, creo que tienes razón. Vivir sin tanto agobio me vendrá estupendamente. ¿Y qué vas a hacer con el piso de Barcelona?

-Cuando queramos, una u otra podremos ir allí y visitar a nuestros amigos.

-¡Eres fabulosa Fed! No sé cómo podré agradecerte todo eso.

Al día siguiente, todos se dirigieron al edificio de la Federación Dominicana de Ajedrez, en el espléndido Centro Olímpico de Santo Domingo, donde se celebraba el famoso campeonato del mundo. Raúl, muy tranquilo, repasaba en su mente la estrategia de salida de la partida decisiva contra el gran Vólkov.

Funcionó. Su victoria fue fulminante. Por vez primera y en un tiempo record, un español, Raúl Lucena, se había proclamado campeón mundial de ajedrez.

-He cumplido mi sueño, gracias a ti, Estela.

-La inteligencia la tienes tú. Yo solo he activado un poco ese cerebrito…

-Vamos a celebrarlo con un buen cava. Cuando cobre os enviaré el dinero, como hemos quedado. Mi representante ya me ha conseguido citas para acudir a competiciones por todo el mundo. Quizás necesite de nuevo  que mi aura….

-¡No me volverás a ver! –cortó radicalmente Estela- Este asunto ha finalizado.

-Bueno, bueno. No es necesario que digas eso. Quisiera contar con tu amistad.

-En ese caso, dalo por hecho. ¿Amigos?

-¡Amigos! –exclamó Raúl con un apretón de manos. -¿Y ese cava?

El imponente Jumbo hizo rugir sus motores y cruzó el gran océano con destino a España. Casi dormidas, Fed y Estela iban imaginando ya la decoración para esa cantina/tienda en Mayorga de Campos. Terminada con éxito la aventura americana, nuevos sueños, nuevas ilusiones y una nueva vida les esperaban.

En definitiva, una vida secilla.

 

Una vida sencilla-II

CAPÍTULO II de III.- Poderes ocultos

-Os lo explicaré. Tengo un don especial: veo el aura de las personas. Sí, de todas. Mi aura es amplia y de color rojo intenso y mi cerebro es como una gran pila que se recarga con energía positiva. Ahí es donde está la clave.

Raúl Lucena hizo una pausa, asió delicadamente la taza de café y prosiguió:

-Hace un mes, por azar, acudí invitado a una representación teatral. Con gran sorpresa, percibí que al actuar una chica que tenía un papel secundario su aura blanca crecía y crecía hasta hacerse de un tamaño enorme. Eras tú, Estela. Consulté aquel hecho con mi maestro hindú quien me explicó que existen personas que, en determinadas situaciones y sin ellas saberlo, su aura se potencia en extremo, aumentando su tamaño, su fulgor, o cambiando de color.

-Yo…no noté nada especial…-comentó Estela, cada vez más sorprendida.

-Este hecho –prosiguió Raúl- no tendría mayor importancia si no fuera porque, según mi maestro, puede ser muy beneficioso para el que conecta con estas personas en dicho estado, quien obtendrá, al momento, poderes mágicos insospechados, al menos por un día. Desde entonces he intentado localizarte y saber de ti. Supe de la nueva actuación de tu grupo de teatro y hoy he ido a verte constatando el mismo fenómeno. ¡Tu aura es excepcional! ¡Prodigiosa!

-Pero dime…¿cómo has sabido mi domicilio… y la fecha de mi cumpleaños? ¿me has seguido? ¿qué es lo que pretendes?

-No, no te he seguido. No es difícil averiguar estas cosas…uno tiene sus contactos -contestó amagando una leve sonrisa y continuó con su explicación.

-Mi incuestionable maestro sanador también me enseñó que, si mi gran aura roja lograra conectarse con una de esas extraordinarias auras blancas, saldría potenciada en tal extremo que su color se volvería amarillo, confiriendo a mi cerebro una inteligencia fuera de lo común, mil veces superior a la de cualquier humano, al menos por un día. Y he tenido un presentimiento…. –Raúl hizo una pausa, apuró el último sorbo de café, y añadió:

-Lo he visto claro. Sin duda, voy a vencer al indomable Vólkov el día de la final. ¿Comprendes ya por qué te necesito? Contigo, lo lograré. Cumpliré mi sueño… Te compensaré. Todo el premio será tuyo. A mí me bastará con la fama y el reconocimiento internacional lo que, a la postre, dará también sus beneficios.

-Aunque me encanta la cultura holística, todo esto me resulta muy extraño y difícil de entender –respondió Estela mirándole fijamente.-¿Qué debo hacer, según tu maestro, para que logres ese dichoso título mundial de ajedrez?

-Nada especial. En el momento que tu aura esté en apogeo, con darme la mano sería suficiente. En ese momento se establecerá el puente de unión; mi aura se transformará en amarilla y mi cerebro alcanzará su máximo poder. Solo hay un problema: estos efectos únicamente permanecen veinticuatro horas y el campeonato mundial se celebra este año en Santo Domingo, allá en la República Dominicana. Lo que quiere decir que tendrías que viajar conmigo hasta allí e intentar conferirme tu energía el mismo día de la final. Te pagaré el viaje y la estancia, por supuesto. Tómatelo como unas vacaciones pagadas.

En ese momento, la paciente Fed, que hasta entonces había permanecido callada escuchando sorprendida, intervino:

-A ver si lo entiendo, Estela. Se te presenta un desconocido que investiga tu vida, te cuenta una milonga de auras y cosas raras y, finalmente, te pide que le acompañes al otro lado del mundo prometiéndote un premio si gana un campeonato del que no sabemos siquiera si participa. No estarás dispuesta a aceptar eso… así, sin más…

-Un momento, por favor. -Estela se levantó de la mesa, tomó del brazo a Fed y se la llevó al otro extremo de la cafetería, diciéndole: -Le he mirado fijamente a los ojos y sé que no miente. Yo noto estas cosas. Vente conmigo, Fed. Te encanta viajar. Será sólo una semana y estaremos juntas en todo momento. Aunque no haya premio, pasaremos unas vacaciones pagadas. No tenemos nada que perder. Juntas las dos ¿vale?

Ambas mujeres, del brazo, se dirigieron a la mesa donde Raúl esperaba.

-Bueno, aceptamos. Las dos. Debes llevarnos a las dos. ¡Ah! Y también a mis dos gatitos. Daisy y Donald no pueden quedarse solos. Ese es el trato. Y otra cosa: ¿de cuánto estamos hablando si conseguimos el dichoso campeonato?

-¡Perfecto! ¡Cuánto me alegro! No os arrepentiréis. El premio está en torno a diez mil euros que no está nada mal,¿no? Partiremos en dos semanas.

-¿Dos semanas? En este tiempo no tenemos ningún ensayo ni actuación. No sé cómo quieres que potencie mis supuestos poderes. –respondió Estela

-Antes debemos contrastar nuestras auras. Será como un ensayo de teatro. Y ya veremos cómo lo organizamos allí en la República Dominicana. Algo se me ocurrirá. Dame tu móvil. Te llamaré muy pronto. ¡Id haciendo las maletas!

-¿Y si luego no ganas? –preguntó Fed curiosa.

-Ganaré. En caso contrario, me despediré para siempre del ajedrez.

-Contrastar nuestras auras… ensayar….No te conozco de nada. ¿Por qué habría de darte toda mi confianza? –añadió Estela, aunque ya estaba decidida.

-La vida es una partida de ajedrez y hay que saberla jugar. Es así como yo lo veo. Y en este caso, tú serás la Reina –sonrió Raúl.

-Y tú el Rey ¿no es así?

-Veo que tienes sentido del humor. Nos despedimos. Te llamaré –dijo Raúl levantándose y pagando los cafés.

Antes del viaje, Raúl y Estela quedaron varios días solos, en un salón del hotel en que él se hospedaba, y durante horas ensayaron leyendo una pieza teatral. Nada, el aura de ambos permanecía inalterable. Otras veces, Estela actuó de mimo, en Las Ramblas, observada por Raúl, y ahí sí que parecía que algo se acrecentaba o, al menos, le parecía observar un resplandor. Había esperanza.

Durante esas dos semanas, Raúl le dio mil consejos, pasearon junto al mar para conocerse mejor y evolucionar en su objetivo, y le obsequió con varios regalos, dejándole claro que todo lo hacía para que se sintiera feliz, pues, según su maestro, el estado de ánimo es fundamental para potenciar las auras.

-No pretendo cortejarte, ni me tomes por lo que no soy. No busco ligar contigo.

-No eres mi tipo, ni tampoco un Don Juan, así que ni lo intentes –rio Estela.

-Veo en ti una mayor luminosidad cerca del mar y, cuando actúas de mimo, se acrecienta el tamaño de tu aura, pero aún no hemos conseguido llegar a ese punto en que me puedas traspasar tu energía vital de tal modo que mi aura se transforme en amarilla, siendo potenciada al máximo. Y ya no tenemos más tiempo, mañana partiremos hacia Santo Domingo- comentó Raúl preocupado.

-No te obsesiones. Estoy convencida de que, en algún momento, sucederá lo que me cuentas, y lograrás tu objetivo.

El avión atravesó unas gruesas capas de nubes oscuras y, protegido por el sol, se dispuso a cruzar el gran océano tomando el mismo rumbo que marcó aquel gran almirante Cristóbal Colón. Dentro, Estela y Fed, sentadas en clase turista superior, charlaban animosamente con las azafatas sobre el país de destino. Raúl Lucena, en el departamento de la clase ejecutiva, completamente estirado en su asiento, dormitaba y soñaba que un ángel, con la cara de Estela, bajaba del cielo y le entregaba una gran caja. Él la abría cuidadosamente y aparecía un hermoso trofeo en el que resaltaba su nombre con grandes letras doradas y debajo se podía leer “Campeón del mundo de ajedrez. Santo Domingo-2017”

Fín del Cap. II

Una vida sencilla-I

CAPÍTULO I de III.- La vida es puro teatro

Aquel era un día diferente. Para Estela casi todos lo eran; sus diversas actividades le permitían elegir en cada momento lo que mejor se prestara a su interés o divertimento. ¡Cuánto amaba su libertad desordenada!

Sí, aquel era un día especial. Antes de salir de casa, un timbrazo acompañó a un vistoso ramillete de rosas rojas y una tarjeta sin firma con un escueto “Feliz cumpleaños”. Algo increíble para ella puesto que nadie conocía dicha fecha, salvo su tío Ángel con quien convivió diez años, y habían transcurrido otros tantos desde su amarga despedida. Pero la intriga por conocer al remitente solo le duró diez minutos. Estaba claro que quien fuera prefería permanecer en el anonimato, así que las puso en agua, porque tampoco las flores tenían culpa de nada, y se dispuso a arreglarse para salir. El buen tiempo acompañaba y no era cosa de desaprovecharlo aunque, a la sombra, el aire de la mañana algo fresco y los diferentes tonos del otoño le comunicaban que un tercio del mismo se había desprendido del calendario.

Llegó hasta la playa más oriental de Barcelona y se sentó cerca de la orilla, en la posición de Loto. Después de practicar varias asanas, permaneció inmutable con la mirada en el horizonte cuyo azul se asemejaba al de su pelo. Acunada por el sonido cadencioso de las olas, se sintió feliz. Un barco en la lejanía le recordó su llegada a España con apenas 15 años, tras la muerte de su madre en Argentina, al ser reclamada por su tío. ¡Qué tiempos! Su cara se entristeció al pensar en los duros años de su adolescencia que forjaron su gran fortaleza.

Se animó pensando que, por la tarde, tenía ensayo de teatro. De vez en cuando, un grupo experimentado de actores, del que formaba parte su mejor amiga Luna, la requería para algún pequeño papel, que ella aceptaba encantada pues el teatro era una de sus mayores aficiones. ¡Cuánto valoraba la amistad! El saber que existen personas que “están ahí” solo para ayudarte en lo que necesites, sin más. Le había costado tiempo pero, por fin, podía gozar de ese tipo de amigos; se lo merecía. Decidió tomarse la mañana libre, tomar un helado y hacer algunas compras.

Y es que los treinta y cinco solo se cumplen una vez. Aún permanecía abierta su heladería preferida; nada mejor que un mixto multifrutas y un paseo por la Rambla de Las Flores para saludar a sus “mimos” conocidos. A menudo, también ella se disfrazaba y se disponía a hacer mímica, plantada en alguna de las calles más transitadas, e imaginaba cómo sería la vida de los que se acercaban a contemplarla. Le encantaba la idea calderoniana del “gran teatro del mundo” en el que, cada día, todos tenemos que actuar frente a los demás.

Poco a poco, las agujas de los relojes de los edificios antiguos sobrepasaron la posición vertical inclinándose hacia su primer signo. Era hora de regresar a su barrio de Horta, con sus calles empinadas y sus miradores. Durante el trayecto compró comida para sus dos gatitos Daisy y Donald, cómo olvidarse de ellos, y recordó cómo conoció, en unas clases de yoga, a Fedra (Fed), una señora jubilada y liberada, cuyo carácter congeniaba perfectamente con el suyo, con la que se quedaba charlando al final de cada clase sobre largos viajes por países exóticos, dejando volar su imaginación.  Era dueña de un piso grande aunque antiguo, vivía sola y le sobraba espacio, por lo que le alquiló a Estela una amplia habitación con su baño por un precio asequible. Ambas compartían la limpieza y las compras y se hicieron grandes amigas. Tuvo suerte. Era lo que más necesitaba desde que la convivencia se hizo insoportable en casa de su tío, al casarse éste en segundas nupcias; su mujer tenía un carácter “fuerte” y se empeñó en hacerle la vida imposible hasta que consiguió que Estela saliera de aquella casa para siempre. Cuán distinta era la vida con Fedra, ambas tan independientes y respetuosas de la intimidad de la otra.

Al abrir la puerta de su habitación, sonó el teléfono al tiempo que el antiguo reloj de pared del recibidor daba sus dos campanadas. Luna, su compañera de teatro, quería llevarla a comer con ella a un vegano antes de ir al ensayo de la tarde. No podía negarse; era su mejor amiga y la adoraba. En su restaurante preferido, con aquel comedor decorado con paisajes de colores relajantes y flores, se sentían aún más unidas. La joven e inexperta camarera le recordó sus primeros y duros trabajos en hostelería al acabar el bachillerato e independizarse. El tiempo transcurría relajadamente mientras saboreaba un té verde y observaba la retorcida vegetación de una de las paredes, semejante a los trisqueles celtas que ella confeccionaba para los mercadillos medievales. Llevaba ya cinco años aprendiendo las técnicas artesanales que luego exponía en un puesto de los que tanto gustaban en las ferias de todos los pueblos y ciudades catalanas, y poco a poco se sentía cada vez más artista. Aquellos pensamientos le llevaron de inmediato a recordar a otro de sus amigos, Vasile Popescu, un rumano ocho años menor, al que conoció en una de esas ferias artesanales y que había recorrido varios países de Europa hasta recalar en España. Destilaba una vitalidad y una pureza interior que le mantenían todo el día con un ánimo especial; contagiaba felicidad a su paso. Congeniaron de inmediato y decidieron participar juntos en varios mercadillos artesanos, mirando al futuro. Sus ojos claros eran fiel reflejo de su mirada clara y honrada y de su amistad sincera. Ambos se complementaban perfectamente; gustaban de hablar con la gente disfrazados con sus trajes medievales, él de leñador o de herrero, ella de bruja o de princesa de cuento, y comentar los beneficios de cada hierba o la belleza de sus pequeños objetos artesanos, o los poderes mágicos de cada amuleto celta. Pero aquel trabajo en común que tanto prometía se rompió tras la inesperada boda de Vasile con una joven menuda y de pelo azabache, ya que, por alguna extraña razón, decidieron trasladarse a vivir a Burgos. El día de su partida, Estela prometió no tardar en visitarles.

Tras la larga sobremesa, Estela y Luna tomaron el metro más cercano y se dirigieron al teatro para los últimos ensayos. La obra era sencilla y divertida, no así la coreografía moderna que la envolvía por lo que acabaron tarde; quedaban pocos días para la representación y flecos que mejorar. Quizás su afición al teatro le venía de las comedias en las fiestas del Colegio público, durante su niñez en Argentina, quien sabe; de ellas mantenía aún en su memoria gratos e imborrables recuerdos. Pero, sin duda, lo que más le atraía de ese mundillo eran los lazos de amistad que surgen entre los actores y la adrenalina que se produce en los momentos antes de la representación que finalmente se libera y se transforma en una explosión de felicidad cuando llegan los aplausos finales del público. Momentos impagables.

Finalizaba aquel grato día de cumpleaños cuando recibió una llamada de móvil. Era Néstor, Nes para los amigos, del que rara vez tenía alguna noticia.

-Acabo de llegar de Madrid para pasar el fin de semana en Barcelona. Me gustaría recorrer de nuevo Montjuic, Park Güell y el Barrio Gótico y revivir mis años de estudiante en la Autónoma de Barcelona. ¿Me acompañarás, verdad?

Estela recordó las horas empleadas en darle ánimos para que terminase, y el día en que Nes le declaró su amor sin más éxito que unos tenues escarceos amorosos para celebrar su título de diseñador gráfico. Después llegó su traslado a Madrid al ser contratado por una multinacional y su adiós definitivo. Era demasiado impulsivo y cándido en ocasiones, pero generoso y paciente; ella sabía que siempre podría contar con su amistad, y él con la suya. Le acompañó. “La amistad, como siempre, -se ratificó- es el don más valioso”.

Por fin llegó el esperado estreno de la comedia en un céntrico edificio social de bastante capacidad. Con el local abarrotado, apagaron las luces. Fuera nervios y concentración. Todo resultó perfecto y los aplausos finales duraron quince minutos. Tres veces salió el grupo a escena, fundidos en un abrazo. En el ambigú de entrada, un joven maduro y atractivo se mantenía a la espera de la salida de los actores. Impecable, con un blazer marrón de marca, corbata beige claro, sombrero y zapatos de cuero artesanales a juego, y una barba incipiente muy cuidada, esbozó una leve sonrisa cuando Estela apareció. Bajaba la escalera despidiéndose animosamente de Luna y acompañada de su casera y amiga Fed que se había colado hasta bambalinas. Entonces le vio.

-¿Estela Romero?

-Sí, soy yo. ¿Quién es usted?

-Me llamo Raúl Lucena. Espero que mantenga frescas las rosas que le regalé.

-¿Cómo conoce mi nombre y mi domicilio? ¿Por qué encargó esas flores?

-No se asuste. Les invito a un café y se lo explico todo.

– No te vayas Fed, por favor –dijo Estela tomando del brazo a su amiga.

-¿Les puedo tutear?

-Sí claro –respondieron a un tiempo las dos mujeres.

-El asunto es fácil, sólo depende de que ambos colaboremos y todo serán buenas noticias –dijo mirando a Estela aquel extraño visitante con una amplia sonrisa, observado por las dos mujeres con cara de interrogación.

-Soy una persona muy conocida…en el mundo del ajedrez. Necesito que me ayudes en una cuestión. En principio, eres la única que puede ayudarme. Es sencillo para ti e imprescindible para mí. Si lo haces, veré el mejor modo para recompensarte.

-No practico para nada el ajedrez, así que no sé cómo podría ayudarle –respondió Estela, mientras en su interior pugnaba el miedo con un sentimiento que le hacía pensar que había algo en aquel hombre que le daba confianza.

-Y yo menos –añadió Fed, que agarraba de la mano a Estela sin soltarla.

-El próximo mes se celebra el campeonato del mundo de ajedrez en Santo Domingo, allá en la República Dominicana. Hace años que deseo ese premio, sin lograrlo. Pero esta vez estoy seguro que, con tu ayuda –afirmó señalando con el dedo a Estela-, venceré al famoso Akim Vólkov, el eterno campeón ruso.

Las dos mujeres enarcaron las cejas y se miraron sin articular palabra. (Fin Cap1)

Mentiría……si fuera preciso

MENTIRÍA…. si fuera preciso.

Había sido un día casi perfecto. Por fin habían acabado de instalar las 54 calderas de las seis hileras de viviendas unifamiliares y probado sus circuitos; ninguna fuga. Era viernes, lo que merecía dejar un poco antes el trabajo para regresar a casa en la furgoneta con toda la cuadrilla. Román y sus dos hermanos, junto a seis operarios, habían logrado formar una pequeña empresa de fontanería y calefacción y no les faltaba trabajo. Pensó en sus tres grandes obras en marcha y sonrió satisfecho: “Este año habían cumplido”.
Camino de Burgos, al ocultarse el sol entre las lomas, miró su reloj: 21-09-2007, 20,00 h. Puntual, su emisora favorita emitía las noticias:
“Crisis de las hipotecas subprime: la compañía británica Victoria Mortgages, con una cartera de créditos valorada en 440 millones de euros, se declara insolvente. El presidente del BCE Jean-Claude Trichet insiste en el riesgo inflacionista en la eurozona. El Banco de Inglaterra debe acudir al rescate del Northern Rock quinto banco hipotecario del país, y en cuyas oficinas comienzan a crearse colas de clientes para retirar sus depósitos. El Banco de España desmiente que algún banco español haya solicitado financiación de urgencia”.
Cambió de emisora y Shakira animó el viaje hasta su domicilio. Lejos de allí, los magnates de los grandes capitales decidieron dejar de financiar a los bancos españoles por su elevada exposición a hipotecas de inmuebles sobrevalorados. Y éstos, a partir de este día, cortaron los créditos a empresas y particulares.
Al fin en casa. Raquel le recibió con un dulce beso. Cogidos por la cintura recorrieron el largo pasillo de su piso, decorado al gusto de ella, hasta el sofá del salón.
—¿Qué tal ha ido el día? ¿Quieres cenar?— le dijo con una amplia sonrisa. Al ver llegar corriendo a su hija Elsa, que con sus espléndidos siete años y la alegría en su cara venía desde la habitación donde hacía sus tareas para abrazarle, se sintió el hombre más feliz del mundo. Lo adoraban y él a ellas. Román y Raquel se sentían cómodos viviendo en aquel antiguo piso, en el centro de la ciudad, ya pagado. Además, disponían de un bonito chalet construido por la empresa que les daba trabajo, con un amplio jardín para que su hija disfrutase. La hipoteca de ese chalet y la inversión a crédito que Román había solicitado para iniciar su empresa en la tecnología de paneles solares y geotermia, no constituían para ellos ninguna preocupación puesto que con la facturación media habitual de su empresa podían irlas pagando sin mayor problema, mientras ésta se mantuviese. Todo ello les hacía mirar el futuro con gran optimismo. Aquella noche, la pareja se fundió en un tierno abrazo, que repitieron hasta quedar dormidos profundamente.
Había llegado el temido pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Aunque largamente esperado, nadie acababa por creer que eso pudiera pasar en ese momento de tanto trabajo. Al no disponer de financiación, se frenó la compra de viviendas. Los promotores, al carecer de ventas, dejaron de pagar a sus constructores y éstos, a su vez, a las subcontratas. La cadena de impagos había comenzado y los rumores de concursos de acreedores se cernían sobre las empresas con más riesgo. Román confiaba plenamente en la constructora para la que trabajaba.
—Es una empresa muy solvente—comentó en casa— nunca me ha dejado una sola factura sin pagar. Unas semanas después de aquello, al llegar a la obra, la cara del encargado le puso sobre aviso:
—Este mes no hemos cobrado. Se rumorea que están devolviendo facturas— dijo volviéndose hacia el tajo dando la espalda a Román, que le escuchaba impertérrito. Comenzó a sentir el cosquilleo del miedo en el cuerpo. Preocupado, insistió al jefe de obra para que incluyese, sin falta, en la certificación del mes, las calderas que había terminado de instalar. Después, se dirigió a su banco. Nada más entrar, al ver el escueto recibimiento del director, Román barruntó las malas noticias que le dejaron clavado al sillón: la constructora le había devuelto los pagarés que su empresa había descontado en los últimos seis meses. Todo lo facturado en medio año por el trabajo realizado en sus “tres grandes obras” había volado. Aún más, las calderas instaladas el último mes ni siquiera estaban facturadas y había que pagarlas junto a todo el material empleado en esas obras sin recibir ni un euro a cambio. Supondría la ruina de su empresa.
—No puede ser. No pueden dejarme tirado—gritó por el móvil al gerente de la constructora. Éste, sin darle mayor importancia, le dio buenas palabras:
—No te preocupes que lo vamos a ir solucionando. Vosotros seréis los primeros en cuanto podamos ir pagando.
Palabras. El tiempo pasaba y las obras se iban cerrando. Los obreros, al no cobrar sus sueldos, se atrincheraron en una de ellas, como protesta, hasta que intervino la policía y los echó de allí. Román esperaba pacientemente, confiado en que sus anteriormente amigos, los jefes de la empresa, le dieran alguna solución. Finalmente, a los tres meses, la constructora entró en concurso de acreedores, al igual que la promotora de la que formaba parte, por sus múltiples deudas, y envueltas por las sombras de sospecha de quiebra fraudulenta. Quedó paralizada la promoción de los 54 chalets, aun sin vender la mayoría de ellos. Siguieron meses de gestiones, negociaciones, requerimientos y juicios para intentar cobrar sus trabajos, aunque fuese en parte. Confiaba en sus abogados. Su empresa, junto a otras tantas, figuraba entre los acreedores para la administración concursal.
—Hay muchas deudas y los subcontratistas estáis los últimos. Tienen preferencia los trabajadores y los bancos que han otorgado los créditos— les dijeron. Finalmente, el banco financiero, Hacienda y la Seguridad Social se repartieron todos los inmuebles.
La incredulidad se fue transformando en certeza comprobada. Quedó aterrorizado, paralizado, pensando que tendría que despedir a sus trabajadores, cerrar su empresa y pagar todos los materiales, tuberías, radiadores, calderas, de todo un año. No tenía dinero para ello. La cruda realidad se impuso lentamente. Su pequeña empresa, formada a base de tantos años de esfuerzo, también entró en concurso de acreedores. Poco a poco, siguió los pasos previstos, despidió a sus empleados, devolvió facturas y le embargaron todos sus activos, el solar y la nueva nave destinada a las energías renovables. Después del dinero de las cuentas, siguieron con sus bienes personales: adiós a su casa con jardín hipotecada. Con suerte, consiguió salvar su piso en el centro, ya pagado. Tenían casa, pero estaban en la ruina total.

La mañana del sábado 15 de septiembre de 2008 se levantó muy tarde, abúlico y sin fuerza alguna. Como pudo, se calentó su café y sacó sus pastas. Instintivamente, puso la radio, sin escuchar apenas las noticias de las 12 que comentaban:
“Crisis financiera de Estados Unidos: ante la posibilidad de afrontar la bancarrota, Goldman Sachs ha recibido la autorización de la Reserva Federal para dejar de ser un banco de inversión y convertirse en un banco comercial. Junto con el otro más grande banco de inversión, Morgan Stanley, Goldman Sachs ha confirmado su quiebra. El fin de la era de los grandes bancos de inversión de Wall Street ha llegado.”

Gracias al cariño de Raquel, su mujer, pudo superar su depresión. Continuamente le animaba a trabajar para recuperarse.
—Como si tuvieras veinte años, —le decía— volver a empezar. Él le sonreía en silencio, agradecido. Después se abrazaban y alguna lágrima se deslizaba pasando desde una cara a la otra, antes de perderse al ser retirada por sus manos.
Román lo intentó. Junto a sus dos hermanos, ya sin obreros a su cargo, echaron mano de conocidos y antiguos clientes para realizar cualquier tipo de trabajo de fontanería, calefacción o cualquier otro en los que pudieran desenvolverse. Pero la crisis en el año 2009 golpeaba fuerte y las pequeñas chapucillas que surgían no daban para los tres. La cosa podía empeorar, así que decidieron trasladarse a casa de los padres de Raquel, allá en el espacioso barrio burgalés del G-3, con el fin de alquilar su piso céntrico con cuya renta pagarían los gastos necesarios para ellos y su preciosa hija.

Con la primavera llegaron las lluvias. Entre paraguas, un viejo conocido de la familia les saludó por la calle. En su amena conversación les indicó que su hijo ingeniero estaba en Brasil con una conocida promotora española. Tenían mucho trabajo y necesitaban instaladores. Román no tardó en decidirse. Había que intentarlo. Sus hermanos, en cambio, renunciaron a irse tan lejos. Sería la primera vez que los hermanos se separasen. Sería la primera vez que él se alejara de Raquel y Elsa.
—¿Vendrás conmigo? —le dijo a Raquel estrechando su cintura con sus fuertes brazos.
—No puedo acompañarte —respondió ella sintiendo dentro el dolor de una puñalada—nuestra hija necesita sus amigas, su colegio, sus abuelos; es lo mejor que podemos darle. Llegarán tiempos mejores y podrás volver. Regresarás en cuanto sea posible. No sabes cuánto vas a faltarnos.
El abrazo se hizo tan largo como el silencio posterior y la tristeza quedó reflejada en sus rostros. A mediados de mayo, Román, cargado de ilusiones, con las fotos de sus dos amores en su cartera, su maleta y su espaciosa mochila de mano, partió hacia el cercano aeropuerto madrileño.
—Este inmenso mar no se acaba nunca. ¡Qué injusto es tener que marchar tan lejos por culpa de no se sabe qué o quién! —pensó asomado a la ventanilla del “Jumbo”-747 con destino a Río de Janeiro mientras cruzaba el gran océano. En sus dos asientos contiguos, Luis, un aparejador asturiano y Juan, un electricista malagueño, le miraron con complicidad. También ellos, y “sus historias”, iniciaban su aventura americana.
Durante el largo trayecto, entre sueños, dio un repaso a toda su vida, su alegre infancia en el pueblo burgalés de sus padres, sus estudios de maestría industrial en Burgos donde halló amigos inolvidables, sus primeros escarceos amorosos y la llegada de Raquel, el gran amor de su vida. Después el ilusionado comienzo del trabajo en empresa con sus hermanos y sobre todo, el nacimiento de Elsa, su hija, que le cambió su forma de vida otorgándole una felicidad interior insuperable. Más tarde llegó el triunfo en el trabajo, la ampliación de la empresa y…… de pronto y sin saber cómo ni por qué, todo ello se fue al traste. La ruina se había instalado en su vida.

El trabajo en Río era estresante, por los plazos de entrega, y no muy bien retribuido. Al menos, estaban alojados casi gratis en “un residencial” que la empresa había alquilado para sus trabajadores. Construían dos grandes bloques de viviendas prefabricadas que había que entregar antes de un año. Acababa agotado y los fines de semana los dedicaba a descansar. Menos mal que la temperatura era bastante soportable, de 16 a 30º aunque con bastante humedad. Se había adaptado bien, pero en su interior se mantenía siempre presente el deseo de su vuelta a España lo más pronto posible.
—En Navidad, desde luego, pasaré al menos diez días en Burgos—se repetía a menudo.

El último viernes de septiembre de aquel 2009, dos compañeros de trabajo brasileros, le hicieron llegar una invitación para una fiesta: Era el cumpleaños de su jefe y no cabían excusas. Sin más remedio, había que animarse. Ya desde la cena, el sonido de la samba fue creando un gran ambiente que duró toda la noche. Después, en la playa, comenzó una actuación de vibrantes garotas, apenas vestidas con cintas de colores. Tras las cervezas, llegaron las kaipiriñas. Apenas recordaba cómo sucedió pero, al despertarse, se quedó petrificado contemplando un buen rato el bello y poderoso trasero desnudo de una de ellas. Poco a poco, fue recordando las imágenes de aquella alocada noche. No podría olvidar las horas pasadas junto a aquella belleza morena a la que no vería nunca más. No se sentía culpable, pero no volvería a ocurrir.

Las obras iban retrasadas y la empresa les pidió, es un decir, que se quedasen en Navidad. Había que cumplir plazos pues las penalizaciones eran altas. Así que…. adiós al viaje a España, por el momento. Una vez más afrontaba una situación dolorosa para él y mucho más para Raquel y su hija. Junto a Luis y Juan, sus compañeros españoles de vuelo que también se quedaban, se fue a cenar en Nochebuena a un restaurante no muy caro, con vistas a la playa de Parati.

Casi agonizante, llegó el año 2010, como una mera continuación del anterior. El trabajo se hizo más rutinario y estresante. Su momento especial del día era cuando, en el comedor de su residencial, concertado por su empresa para los trabajadores, los grandes ojos negros de la joven cocinera/camarera le miraban fijamente mientras le peguntaba por su menú. Era tímida y con aspecto aniñado, con una larga trenza morena recogida bajo un pañuelo, y su fija mirada, junto a su tenue y edulcorada voz, le ponían nervioso haciéndole tomar el plato equivocado. Una tarde, casi a la hora de cerrar, corrió al supermercado para comprar la necesaria garrafa de agua para tener en casa y casi chocó con la cocinera que arrastraba un carrito tan cargado que apenas podía conducirlo. Él se ofreció presto a ayudarle. Mientras ambos transportaban todas aquellas bolsas hacia su furgoneta, la mirada agradecida de la chica se cruzó con la suya, manteniéndose durante algunos segundos que a él le parecieron encantadores.
No tardó en repetirse el siguiente encuentro. Fue en el animado disco-bar “O Pelícano” en el que los sábados iban todos a tomar algo y escuchar música. Casi no la reconoció. Su larga melena ondulada desplegada, su trabajado maquillaje y aquel corto y escotado vestido en nada le recordaban a su dulce cocinera, hasta que escuchó su suave voz en portugués y vio aquella mirada profunda que tanto le perturbaba, mientras le decía sonriendo:
—Eu vou te comprar uma cerveja. O que menos de agradecerte o esforço ontem para baixar todos aqueles sacos.
No podía negarse. Con sus dos Skol en la mano, se enfrascaron en una amena charla que luego continuaron sentados en una mesa del frondoso patio situado en el interior. Un tierno beso puso fin a aquel inolvidable sábado y la cita para el sábado siguiente.
Estaba jugando con fuego y él lo sabía. La mente de Román, noche tras noche, daba vueltas y más vueltas mientras se preguntaba y se respondía una cosa y la contraria. Sus razonamientos y argumentos para acudir o rechazar aquella deseada cita se mezclaban con los remordimientos que los mismos le producían poco después al acordarse de su amada Raquel y de su hija Elsa. Estaba condenado. Dayra, así se llamaba la cocinera, le atraía irresistiblemente. Cenaron algo ligero, como con prisa. Ya en el piso, sin llegar a la habitación, desvistiéndose uno al otro sin dejar de besarse, cayeron entrelazados sobre el amplio sofá del salón. Después, más pausadamente, repitieron sus interminables caricias hasta dormirse abrazados.
—¿Qué me está pasando? Soy otro. Me ha cambiado este lugar, este clima, o es que realmente me estoy enamorando? ¿Me habrá hechizado esta dulce brasilera? —se dijo. Cada semana, Román esperaba impaciente la llegada del siguiente sábado. Era imposible ocultar su relación y sus compañeros de trabajo le sonreían maliciosamente.

En febrero, aprovechó los quince días de vacaciones que le ofrecieron para viajar a España. El frío de la estación de trenes de Burgos le transportó a la realidad de sus orígenes. Venía de un sueño; en su cabeza permanecían imborrables las imágenes de su morena brasilera. Solamente se olvidaba de Dayra en los momentos en que su hija Elsa le llevaba de la mano a jugar con ella. Raquel, su mujer, le notó cambiado, más frío y distante de lo esperado, lo que le hizo pensar en las preocupaciones por el trabajo y el dinero. Nunca hubiera podido dudar de su fidelidad.

No se habían resuelto ninguno de los problemas que le hicieron partir. Su empresa seguía sin cobrar sus deudas y, en consecuencia, sin poder pagar las facturas pendientes. El trabajo en Burgos seguía siendo escaso y mal pagado según le relataron sus hermanos. Uno de ellos le insinuó si habría trabajo para él en Brasil.
—Ahora debéis mantener los clientes. Vendrán tiempos mejores y volveremos a rehacer la empresa, ya lo veréis —mintió, pensando en Dayra. Raquel había comenzado a trabajar unas horas en la tienda de regalos de una amiga y, junto al dinero que Román le enviaba cada mes, se mantenía dignamente reduciendo gastos.

De nuevo en Río, tras la actividad en el trabajo, volvió la atracción por aquella mujer, que era como un gran imán del que era imposible poderse separar. Así llegó el verano. La obra se entregó casi en plazo y el contratista le ofreció trabajar en otra obra, en Recife, a 2.300 km. de Río. Continuar en Brasil o regresar a España. Era la hora de tomar una terrible decisión: Quedarse allí, con Dayra, o separarse para siempre y volver con Raquel. Ella no se merecía un nuevo disgusto. Dayra tampoco.
Aquella tarde, tras un paseo cerca del mar meditando sobre su futuro, lo vio claro:
Ante todo, era prioritario el trabajo, que aseguraba su bienestar y el de su familia, a la que nunca dejaría en la estacada. Se iría a Recife. En lo posible, no deseaba causar daño a ninguna de ellas puesto que seguía amando a Raquel y también a Dayra. Mentiría, si fuera preciso, a ambas, si ello les evitara algo de su sufrimiento.
—Dayra, soy un hombre con lazos familiares en España. Tengo una mujer y una hija— le dijo una noche tras hacer el amor. Le sorprendió su tranquila reacción y más aún su respuesta mientras le miraba fijamente:
—Siempre lo he imaginado. No soy tan ingenua. Quiero que sepas una cosa: Te amo y estoy dispuesta a dejar mi trabajo en Río y partir contigo a Recife; sólo debes estar decidido a vivir conmigo; sin más condiciones, sin plazos, sin exigirte nada respecto a tu familia. Tú decides.
—Yo amo a mi mujer.
—¿Y entonces yo?
—De ti estoy enamorado.
La duda sobre si aquella decisión fue la correcta le acompañará siempre. Nunca hizo papeles para separarse ni tampoco Raquel. Han pasado varios años y Román, cada noche en Recife, en el fondo de su corazón, aún sueña y mantiene viva la esperanza de que todo vuelva a ser como antes. Como antes de la crisis.

¡Qué bueno es mi jefe!

-¡Hombre Alfredo, cuánto tiempo! ¡Piluca! ¿Cómo estáis?
-¡Santiago, fenómeno, si estás hecho un chaval! ¡Carmen, tan guapa como siempre!
-Oye, está muy bien este sitio. ¿Es nuevo?
-Sí, bueno, reformado. Esta vez invito yo que conozco bien al chef y al dueño también. Preparan unos corazones de alcachofa con boletus…y unos pescados al horno….
-Bien bien, lo que tú digas. Cuando paséis por Gasteiz… os voy a llevar a comer a una sociedad gastronómica que tenemos….y veréis qué cocineros…¡como los de Burgos! (Siempre he admirado a Alfredo; desde los Jesuitas; es atento, desprendido, simpático, entiende de todo…y qué bien trata a su mujer, todo el tiempo cariño por aquí, cariño por allá…. A mí es que no me sale. Será cuestión de carácter, de genes, yo qué sé…siempre le llamo Carmen y ella a mí Santi, y a correr; y claro, no hay color) ¿Y qué tal van tus obras, Alfredo?
-Viento en popa. Estoy terminando de construir unos hoteles en Palencia y Valladolid que son una maravilla. Cuando les inauguren, os llevaré a conocerlos. Os encantarán.
-No lo dudo. Siempre has hecho grandes obras. Es que te gusta innovar y que tienes buenos técnicos. (Y que con ese carácter tan afable que tiene seguro que consigue buenos clientes. Además, creo que sus trabajadores le adoran; será que les paga bien y por eso su empresa funciona a las mil maravillas, no como la mía, con los problemas de cobros y pagos que tengo, todo el día en la pelea, que si las horas extras, que si los turnos, que si el ruido de las máquinas…., es que esto de fabricar y vender tornillos a gran escala es muy complicado.)
-Ah! Voy a pedir un buen vino. Es de las bodegas en las que invierto últimamente. Ya veréis que vino. Impresionante. Cuando queráis vamos a Laguardia y comemos allí.
-Joder Alfredo, no paras con tus bodegas. Al final vas a cambiar de oficio a bodeguero.
-No, ¡qué va! Simple afición. Y que me encanta el vino de la rioja alavesa. Bueno, y no veas cómo se vende. ¿Y tus tornillos? ¿Ya les vendes a los chinos y a los árabes?
-Estoy en ello. Acabo de importar una nueva máquina para lograr ser competitivo en todo el mercado internacional; pero es tan cara que he tenido que hipotecar la fábrica y los almacenes. Espero que, cuando funcione al cien por cien, podré bajar bastante los costes. Me sobrarán trabajadores y habrá que reinsertarlos. Ya te mandaré alguno.
-Ja, ja. Santi siempre tan sociata. Vale, vale, ya les pondremos a echar hormigón y a colocar ladrillos. ¡Cariño! ¿Te han gustado los entrantes? ¿Y a ti, Carmen? Ya os dije que este chef tiene una mano…. Sirve, sirve, vino. Como os decía, la bodega va viento en popa. Encima, la añada 2015 va a ser excelente….y abundante. Estoy reformando varios restaurantes de alto standing y, de paso, que introduzcan mi vino en sus cartas.
-A ver si ahora te va a dar también por la cocina. ¿Ya no vas al golf?
-¡Cómo no! Un sábado sí y otro no, salvo cuando es la temporada de la perdiz o de la becada, ya sabes que los cotos que tenemos son muy buenos. ¡Ahí te quiero ver yo!
———0———

(¡Mírale! Ahí llega el amo del corral. El gallito. Todos le ríen las gracias. ¡Como si tuviera algo de gracioso! Se cree que porque nos invite a una cena una vez al año ya justifica que no nos suba el sueldo. Estas cenas de empresa, bueno, de jefes de obra y oficinistas que no es lo mismo, son un rollo…Creo que en el fondo nos odia a todos. ¡Menos a su contable! A ese que no le toquen un pelo. No sé quién de los dos es más explotador. Y los demás, ¡hala! A dar la cara para enfrentarnos con los proveedores cuando llegan a la oficina cabreados porque les han devuelto sus facturas o porque les han retrasado los pagos…. A quién se le ocurre pedir cordero asado para cenar…. con lo pesado que es….si ya sabemos que nos ha traído aquí porque le hicimos una reforma y tendrá algún cobro pendiente o algo parecido….
¡Y cómo trata a las pobres secretarias! Mira la pobre Amalia, ahí tan calladita y sonriente, seguro que todavía está pensando en la bronca que le cayó porque le encontró una mota de polvo sobre su interfono. ¿Y Sara? ¡No ha venido! ¡Ah, ya! Como es la última que ha entrado, cuando llega Navidad, le da de baja por un mes y luego la vuelve a contratar. Será tacaño y ruin…Anda que la que despidió hace unos meses al enterarse que estaba embarazada…., ¿cómo se llamaba….? Rosana, eso es. Que del disgusto se puso muy enferma. ¡Pobrecilla! Y aquella otra….Clara, la rubita, que para que se fuera voluntariamente le hizo ir a las obras a primera hora a pasar lista del personal y quedarse hasta última hora en la oficina hasta que se fuera el último técnico y hacerse cargo de todos los recados de proveedores y encargados…Y sí, lo logró… aguantó casi dos meses de esa manera….hasta que se fue voluntaria, sin cobrar.
Me he colocado bien aquí en la esquina de la mesa. Lejos de los pelotas de siempre. Cuando encuentre un puesto de trabajo en otra empresa, vamos que si me voy….pero con esta crisis… Va el otro día y me larga una bronca por ponerle una prima a un obrero que se había quedado una hora más para limpiar la hormigonera automática. Hasta me llamó comunista. Así que otro día me dirá que se queda sin limpiar…y tardaremos dos horas más en arrancar por la mañana…lo mismo que pasó con los alicatadores que se quedaron más tiempo a descargar un camión de palés de cerámica cuando me mandó quitarles las primas…. al poco tiempo, otro camionero con palés de terrazo se tuvo que quedar a dormir en Burgos porque no quisieron descargarle a última hora…es que no tiene nombre lo de este hurón. ¡Vaya vino más malo! Podía habernos pedido, al menos, un crianza para acompañar al cordero. Es que es de un tacaño…Uy que calladita veo a su secretaria personal….vaya mosquita muerta….en la oficina todo el día don Alfredo por aquí, don Alfredo por allá….y le cuenta todos los chismes de todos.. Pero un día que la sacamos a tomar dos vinos nos contó unas cosas…. Que si Don Alfredo tiene una querida, una tal Carmen….que encima debe ser la mujer de un amigo suyo… que si le tiene que comprar las pastillas azules…que si le tiene que buscar un hotelito a escondidas….
Lo que no entiendo es cómo no ha cerrado ya esta empresa. El jefe nunca va a ver las obras hasta que están acabadas pero, eso sí, en la oficina, todos los días nos exige y nos exige…y a bronca diaria y a gritos: ¿Ya está la certificación? ¿Qué pasa con los plazos? ¡Vaya mierda de certificación, tienes que cobrar más, buscar partidas nuevas que no estén en el contrato para cobrarles…! Ya no le soporto más. Bueno, ya sacan los postres…luego se irá con los pelotas quién sabe a dónde y, por fin, podremos tomar unos cubatas tranquilos los cuatro técnicos con los cuatro oficinistas y las cuatro secretarias que le tenemos que aguantar cada día….)

———0———

Al verte

Al verte,
sonrío ampliamente y te miro.
Al verte,
mis manos se aprietan. Te digo
palabras gastadas. Inspiro,
y aspiro tan sólo a quererte.
Al verte,
mi cuerpo, que nada sentía,
ya siente.
Respiro profundo y mi mente
libera endorfinas de dicha
por verte.
Será, puede ser, el instinto,
pues salgo al encuentro contigo
y me siento más ágil, más guapo,
más hombre, más joven, más niño,
más bueno, ocurrente, más listo,
y acaso me veo a mi mismo
distinto, a tu lado, distinto.
Apenas te veo,
soy otra persona, mi mundo no existe.
En sólo un instante,
tu karma me envuelve, me lleva, me inviste,
me embauca, me empuja, me arrastra,
me llena de fuerza y después
ya nada me importa;
estando contigo el tiempo no cuenta.
Tu sola presencia me basta y me sobra.

La leyenda del tragaalmas

Nadie me supo decir dónde estaba pero es seguro que existió, sin dudarlo jamás. Yo la he llamado Bellalar porque siempre me han encantado sus leyendas y lo que los habitantes de esa pequeña villa, crédulos y temerosos, relataban durante siglos, dando por ciertas todas estas bellas historias que os contaré. No en vano, sucesivamente, fue invadida, ocupada, arrasada o gobernada por gentes de culturas muy diferentes. Turmódigos, celtas-autrigones, vacceos, berones y pelendones, romanos, bárdulos y visigodos, árabes-omeyas, vascones, francos-gascones……, entre otros, y todos ellos dejaron en Bellalar amplia huella de sus distintas tradiciones, leyendas y culturas. Más tarde, fue frontera muy disputada entre castellanos, navarros y aragoneses, perteneciendo sucesivamente a unos o a otros y, de cuando en cuando, atacada por alguna de las razzias que los árabes más peleones mandaban casi cada año. Las luchas por adueñarse de aquel territorio eran tan habituales que sus habitantes vivían en continuo sobresalto. Cada poco tiempo sufrían nuevos gobernantes y nuevas leyes. Por si esto fuera poco, al ser zona de paso en el Camino francés hacia Santiago, Bellalar era atravesada y visitada cada año por todo tipo de extraños personajes, venidos desde lejanos lugares, que relataban hechos increíbles y leyendas inimaginables que todos aseguraban ser ciertas.
Una de estas muchas leyendas era la del traga-almas. Yo os la voy a contar tal cual dicen que ocurrió y vosotros juzgareis si estos hechos pasaron en verdad o eran fruto de la mente de quienes me los relataron. Hace muchos, muchos años……, escondido en una cueva ignota de esta pequeña villa, vivía un horrible monstruo, con la misma altura de los viejos chopos que están cerca del río, del que todo el mundo hablaba pero que nadie, nadie, había visto jamás. Unos decían que su cabeza era alargada, con siete ojos uno encima de otro, y sus dos orejas picudas eran tan largas que se unían por detrás. Otros añadían que no tenía nariz ni pelo alguno y que su boca vertical era tan grande que podía comerse un niño de un solo bocado. Los más imaginativos aseguraban que cambiaba de color según la hora del día y que sus brazos y piernas podían alargarse a voluntad, al igual que sus dedos y uñas, para poder atrapar con ellos a cualquier persona o animal por grande que fuera. En fin, que cada uno le pintaba lo más horrible que podía, echándole imaginación. Y de su maldad qué os voy a contar….Aunque nadie había visto a semejante bicho, ni vivía ningún afectado o dañado por él, se contaban por cientos sus supuestas víctimas, sobre todo niños de otras villas del contorno, por lo que dicha historia era utilizada por muchos padres para asustar a los pequeños de Bellalar cuando se portaban mal. Con estos antecedentes, todos los habitantes de la villa daban por cierta la existencia del malvado monstruo y estarían aterrados si se les apareciera, hasta que un día…….
Era la noche de San Juan. Todos los jóvenes de Bellalar bailaban alrededor de dos grandes hogueras, divirtiéndose y pidiendo deseos mientras saltaban cerca del fuego. De pronto, nadie sabe cómo, desapareció una joven de dieciocho años hija de unos campesinos muy queridos. Según decían, era la joven más bella de la villa y tal vez del país, aunque de carácter altanero, antojadiza, muy presumida y nada trabajadora, que llevaba a mal traer a sus padres. Durante tres días con sus noches todos los habitantes que podían se turnaban afanosamente en su búsqueda. –Eliseeeeenda, Eliseeeeenda, ¿dooonde estááás? –gritaban, repartidos en cuadrillas recorriendo montes y valles, cuando alguien, nadie sabe quién, insinuó, con voz baja, que se la habría tragado el monstruo. El rumor se extendió y el terror se apoderó de los buscadores.
Acudieron los soldados con sus espadas y lanzas y los hombres sacaron los palos y las armas. Nuevamente el temido monstruo pasó a ser el gran protagonista de aquella disputada villa. Salieron a la luz todos los miedos de sus habitantes, heredados de años de dominación, y sus inseguridades y egoísmos se desataron. Las madres escondían a sus pequeños y únicamente algunas personas mayores, quizás con ganas de dejar este mundo, osaban salir a las calles.
Al cuarto día, inexplicablemente, Elisenda apareció sonriente en medio de la plaza, junto al gran pozo de agua cristalina, a la hora en que las mujeres acudían cada día a sacar el agua, extrañada de que ninguna de ellas estuviera allí. Se dirigió a su casa y la vio cerrada, al igual que el resto de las puertas de las casas vecinas. Recorría asombrada las calles vacías cuando vio a un joven asomarse tras una esquina quien, al verla, echó a correr como si hubiera visto un fantasma. Se apresuró a avisar a todos los que la estaban buscando y, cuando por fin regresaron, apremiaron a la ya encontrada para que contase todo lo que le había ocurrido:
-Oí que alguien me llamaba insistentemente por mi nombre. Al volverme, vi a un apuesto joven hablándome de modo muy afectuoso. Me dirigí hacia él mientras todos los demás continuaron saltando y bailando alrededor de las hogueras. Al darme la mano me sentí como hipnotizada y, sin poder evitarlo, le seguí. No sabría decir cómo ni cuando pero, aun siendo de noche, ambos nos encontramos subidos en un carro mágico hecho de luz y volando con rapidez sobre montes y valles. El carro volaba y volaba, hasta que, por fin, se detuvo en la entrada de una gran cueva.
Una vez dentro, el guapo joven con aspecto de príncipe se fue transformando en un horrible monstruo, aún más feo del que cuentan las leyendas que todos habíamos oído desde niños. Al verlo me desmayé, o eso creo, pues cuando desperté me vi tumbada sobre una gran piedra, sin poder hablar ni moverme, aunque sí que podía observar y oír lo que el monstruo me decía, gesticulando y murmurando, como siguiendo algún extraño ritual. Yo le miraba relajada y sin miedo alguno pensando que, seguramente, era algún truco mágico de aquel misterioso joven.
-“Voooy a comeeerme tu aaaalma” –me dijo acercándose con voz muy ronca y grave. Puso una de sus huesudas manazas sobre mi cabeza y sacó de ella una hermosa bola de luz azulada. Inmediatamente, abriendo su gran boca, se la tragó sin dificultad. En ese momento, sentí una paz interior y una felicidad como nunca antes había sentido. Al cabo de unos minutos, con sus siete ojos mirándome fijamente, y con todo su cuerpo de color azul, me habló nuevamente muy despacio: -“Eliseeeeendaaaa. Tienes un alma moonstruoosaaaa. Te voy a conceder treeees de mis deseos, noooo de los tuyos”. Tras estas palabras, de nuevo me tocó la frente con una de sus largas uñas y me quedé dormida muy profundamente soñando que volaba. Cuando desperté, el monstruo había desaparecido y yo me encontraba aquí, junto al pozo, en medio de la plaza.”
En la villa absolutamente nadie se creyó su relato, pero durante muchos días grandes y pequeños, hombres y mujeres, no la dejaron en paz. Todos le insistían en preguntarle dónde estaba la cueva, cómo era el joven, cómo era de feo el monstruo, qué hacía o decía y qué deseos fueron los que le concedió. Mentira o verdad, lo cierto es que Elisenda, a partir de entonces, se comportaba con todos sus conocidos de forma humilde, modesta y sencilla, ya no era caprichosa y, además, ayudaba a sus padres en todas las labores del campo o de la casa. A todos sonreía y todos sus amigos le apreciaban, resaltando aún más su belleza.
Pasaron los días y también el verano; los segadores apenas asomaban sus sombreros entre los dorados campos de trigo y cebada; llegó la trilla con los caballos girando en el tiovivo de las eras y la alegría de los niños subidos en los trillos; hombres y mujeres se disponían en fila a beldar en los días de viento y a hacer fardos con la paja para los animales; los carros llevaban los sacos repletos a guardar en sitio seco; los molineros, junto al río, transformaban el grano en fino polvo de harina; los monteros cortaban las ramas y los troncos secos para el invierno; la cosecha había sido buena; a nadie le faltaría, por este año, el manjar del pan recién cocido.
La joven Elisenda siguió insistiendo que su encuentro y aventura con aquel apuesto galán fue muy real y suplicó a los gobernantes de la villa para que le buscaran, pues, a pesar de su horrible transformación en monstruo, era bueno y podría traer muchos beneficios a los habitantes de la villa puesto que podía conceder deseos con sus poderes mágicos. El alcaide llamó al cura, éste al maestro y éste, a su vez, al médico. Juntos, congregaron a los más viejos del lugar para decidir qué hacer. Tras largas horas de reuniones y discusiones, acordaron poner carteles en las esquinas de todas las calles de la villa con el mandato de avisar a las autoridades en cuanto apareciera por ellas cualquier desconocido con aspecto similar, con objeto de detenerle, interrogarle y averiguar los secretos del monstruo y su guarida. Pero ninguno de los asustados jóvenes que detuvieron les pudo relatar absolutamente nada de aquellas pesquisas.
La bella Elisenda, al cabo de pocos años, volvió a desaparecer y ya no regresó jamás a su país.
Pero ¿qué pasó con el monstruo? –me preguntareis. Nadie lo sabe muy bien, pero lo cierto es que después de la partida de Elisenda nunca más volvió a aparecerse por la villa, aunque algunos de sus habitantes (ya pocos) siguen contando que, de vez en cuando, se deja ver en su forma más horrible y no como un apuesto joven. Según dicen, sólo se aparece así a los jóvenes que se empeñan en ser presumidos o envidiosos, a los niños desobedientes, y a los hombres y mujeres mal hablados o que tratan mal a sus criados o trabajadores, o pegan a sus animales, con el fin de tragarse su alma sucia u oscura para después devolvérsela limpia y sana.
Y si esta leyenda que os he contado no fuera verdad, tengo otra, y si estos hechos no hubieran sucedido, tampoco pasaría nada, ya que después de todo, el alma es pura invención humana.
FIN

El amor no muere

L´amour reste…… à toujours!

Mars 1959. Villenueve Saint Georges (La banlieu de Paris)

-Bonjour. Ça va?
-Oui. Bonjour! Ça va toi?
-Tres bien! On y va. Et toi, Dani?
-Au travail, chez Renault, comme toujours!
Me gustan mis vecinos. Con que ánimo me saludan cada día, al cruzarme con ellos en las aceras, en el mercado callejero, en el pequeño bar que frecuentamos, o invitándote a compartir un postre en sus propias casas. Por fin me siento integrado en este país de acogida en el que vivo y trabajo. La rutina del día a día, la monotonía y el traqueteo de las máquinas ensambladoras forman parte ya de mí mismo, de mi nueva vida. Al entrar cada mañana junto a ellos en la fábrica me olvido de todo. ¿Olvidar? Restañar heridas quizás, pero olvidar….., no, sé que nunca podré olvidar. Al principio, me sobresaltaba al oír el ruido de los aviones del cercano Orly. Ahora ni siquiera me molesta. No llevan bombas, sólo pasajeros.
Esta mañana he vuelto a pasar por el 17º arrondissement1. Nada. –Rien du tout monsieur, desolé…- Ninguna noticia sobre ella. Algo en mi interior se niega a admitir que fuera una víctima más de aquella guerra sin sentido que causó tanta muerte y destrucción. Probablemente acabó saliendo de España, como yo, o quizás pudo quedarse pero entonces ¿Por qué no responde a mis cartas?

Mars 1949. Hendaye (Diez años atrás)

¡Lo logré! ¡He pasado la frontera!….Soy fuerte. No sé cómo he sobrevivido a diez años de cárcel y de torturas……Me he convertido en un expresidiario sin trabajo y mal visto, un proscrito mendigando pan por San Sebastián….No he podido quedarme. No se ya si España es mi patria. Teníamos tantos proyectos, tantas ilusiones por cumplir….
¡Hambre! Tengo hambre desde que me soltaron. Hambre del que duele. Los gendarmes me miran con cara de desprecio. –Allez! Allez! Route! -La gente cruza al otro lado, con hostilidad, ignorándome. ¿Dónde puede ir un antiguo miliciano si he oído que a los brigadistas2 les alojaron en auténticos campos de concentración?….
Por suerte, unos abuelos de una granja, que hablan en euskera, me han ofrecido un bocadillo y pasaré la noche cobijado en su establo. Al fin podré dormir y descansar…

(1: lugar donde se encuentra la Embajada Española en Paris.)
(2: se refiere a las Brigadas Internacionales que participaron en la guerra civil y se retiraron a Francia.)

¡De nuevo aparece! ¡Sí, es ella!… Se me acerca…. quiere abrazarme….alarga sus brazos hacia mí….casi toco sus manos… ¡no! ¡alguien lo impide! La empujan brutalmente… se la llevan…Quiero agarrarla, pero no puedo. Me golpean más y más. Grito su nombre: ¡Lisa! ¡Lisa!…..¿Y estas lágrimas?. Me duele todo el cuerpo…y aún más el alma. Odio estas horribles pesadillas…..es mi subconsciente que manda en mí…

Madrid, viernes 5 de julio de 1.935.

Hoy me siento doblemente feliz: no sólo cumplo 21 años, con lo que ya soy mayor de edad, sino que, además, esta mañana presento el Proyecto de Fin de Carrera y acabo este duro curso. Por eso lo voy a celebrar por partida doble: con mis amigos toda la noche y el sábado, como no, con Elisa, bueno Lisa, como le llaman en casa, mi eterno amor platónico, que parece que este último año empieza a hacerme algo más caso. Iré a buscarla a la Residencia de Señoritas. Seguro que la encuentro repasando algún temario. Es incansable. Quiere ser médico, como lo fue su padre. Asunto vocacional, supongo.
Iremos a caminar tranquilamente, contándonos cómo nos ha ido la semana, y le invitaré a un helado…, o a un café…, lo que ella prefiera. Acabaremos charlando sentados en un banco del Paseo de la Castellana. Ya imagino su mirada, esas manos tan finas, su voz… pero lo que más me seduce de ella es su carácter. Siempre tan abierta a todo el mundo, con esa facilidad para hacer amigos, tan liberal…, y esa voluntariedad para todo tipo de causas solidarias: Sin ir más lejos, la semana pasada me comentó que formaba parte de la Asociación JUF3; que acudía allí por el cariño que sentía hacia su presidenta Clara Campoamor y que, como ella, quería luchar por los derechos sociales y políticos de las mujeres, por su integración en la Universidad y en la sociedad en general… ¡Cuánto las admiro por esas inquietudes! Son mujeres igualmente bellas por dentro que por fuera….
Por mi parte, le contaré que tres de mis mejores amigos se han afiliado a las Juventudes Socialistas; me insisten para que yo también lo haga, pero no me veo en esas asociaciones, no van conmigo; no sé discutir de política ni entiendo sus razonamientos…
Voy a afiliarme. La reacción de Lisa, animándome profusamente, como si se tratase de una más de sus causas sociales, me ha hecho decidirme a ello, aunque sé que nunca seré un miembro activo….. Sí, lo haré por ella. Me gusta tanto verla tan animosa y feliz…

(3: Juventud Universitaria Femenina)

Madrid, octubre de 1.935

Este verano ha cambiado mi vida. No puedo estar más enamorado y creo que Lisa también me quiere. Han sido las esperadas citas de los fines de semana, recorriendo nuestros lugares favoritos por el Paseo de las Estatuas y La Rosaleda del Retiro, las que han dado pie a conversaciones cada vez más profundas entre nosotros. Siento sus inquietudes como mías y, poco a poco, nuestra amistad se ha transformado en amor….
Y un amor muy profundo. Al menos, así lo creo. ¡Soy feliz! ¡Y además, voy a trabajar! Gracias a la recomendación de un buen amigo de mi padre, que en paz descanse, he contactado con un conocido arquitecto salmantino, D. Francisco Gil González, que acaba de instalar su estudio en Madrid y voy a comenzar como ayudante en prácticas. Nos veremos cada vez más a menudo, siempre que podamos. Le acompañaré a sus reuniones solidarias y sociales…, o bien ella me esperará a la salida del estudio…¡Feliz!
Cada vez son más numerosas las asambleas de las Juventudes Socialistas. Yo sólo les escucho. Procuro pasar lo más desapercibido posible; esas acaloradas e inacabables discusiones, donde se escuchan toda clase de afirmaciones genéricas e insultos de todo tipo hacia los opositores y hacia todas las instituciones, me produce mucho temor…

Madrid, enero de 1.936

El invierno está consolidando nuestro amor. Ayer, entre bromas, le insinué mis planes de boda (¡por mi parte que sea lo antes posible!) y le dibujé un futuro prometedor para nosotros (aunque me temo que ella no comparte tantas prisas). Lisa estaba radiante; había estrenado un precioso vestido rojo y unos zapatos negros; su sonrisa y su no disimulada felicidad me cautivaron de tal manera que lloré de alegría. Esta vez nuestros besos fueron especiales. Recordaré siempre esas estatuas que nos miraban, ese parque…

Madrid, abril de 1.936

Sólo hay una cosa que me preocupa: Lisa se ha ido transformando en un miembro muy activo de la Izquierda Republicana. Cada vez está más comprometida con ellos y participa en casi todas sus actividades y reuniones. Tras las elecciones generales4, la coalición5 ha logrado la mayoría de votos, aunque con escaso margen sobre la de centroderecha, lo que está produciendo que el ambiente político se caldee aún más. Lisa está contenta, casi eufórica. Yo no. Se han formado dos bandos en la sociedad y las discusiones en la calle sobresaltan muchos ánimos…. Si esto sigue así, las disputas darán paso a los desórdenes y éstos….a los asesinatos, por ambos bandos. Ya se han dado algunos casos. No sé dónde nos va a llevar todo este caos. (He olvidado la boda…)

(4: Las elecciones generales se celebraron en febrero la 1ª vuelta, y en marzo la 2ª vuelta.)
(5: Se refiere al Frente Popular, que unificaba la mayor parte de las fuerzas de izquierda.)

Madrid, verano de 1.936

Acabamos de escuchar en la radio el anuncio del levantamiento en armas de parte del ejército. No puede ser. Lisa y yo no nos lo acabamos de creer. Nosotros y todos nuestros amigos estamos en contra de este atentado antidemocrático. Ella, que lucha tanto por la igualdad, por las causas sociales y por la libertad, no entiende estos enfrentamientos y ha pasado de la excitación inicial al desánimo. ¡Qué futuro tan incierto nos espera!
Cada día, pegados a la radio, seguimos la pista al reguero de pólvora que citan las noticias: Ha caído Melilla…..En Burgos se ha formado la franquista Junta de Defensa Nacional…..Y también Pamplona, Vitoria, Oviedo y Cáceres…..La república pierde Galicia…….
Diversas ciudades de Andalucía se han unido al levantamiento….. En las calles de Barcelona se están sofocando rebeliones de todo tipo…..Los militares sublevados están recibiendo armas y ayudas alemanas…..Ya sobrevuelan nuestras ciudades los primeros aviones italianos……
La guerra es imparable. ¿Es que nadie va a impedirla? Algunos hasta parecen desearla. Todo el mundo está exaltado. A nosotros esto nos produce una tristeza infinita. Sólo nuestro amor puede ayudarnos a superarlo.
Radio París: “Mientras las naciones europeas celebran aún sus triunfos en los Juegos Olímpicos de Berlín, en España corren ríos de sangre…… La población civil ha quedado atrapada en un bando o en otro, según el avance de los ejércitos……Nuevas ciudades han caído en el bando rebelde: Valladolid, Mallorca, San Sebastián, Toledo….” Muertos inocentes. Niños, jóvenes, mayores.., todos inocentes. ¿Por qué? ¿Por una causa? ¿Qué causa? Aquí en Madrid, según se dice, pronto deberemos prepararnos para la guerra. Lisa dice que debemos defender el gobierno constitucional. Ya no hablamos de nosotros; mucho menos de los planes de boda con los que soñábamos; cada vez nos vemos menos; ella es tan comprometida…

Madrid, otoño de 1.936

Radio París: “Franco, el general que lidera la rebelión, ha sido nombrado Jefe del Estado Español de la zona ocupada…… El gobierno republicano ha creado el Ejército Popular y ya ha recibido la primera ayuda soviética: aviones, tanques y diverso material bélico…” Lisa, animosa, siempre dice que, sin duda, Madrid resistirá y que después recuperaremos el resto. Hoy hace más de veinte días que no la veo; siempre comprometida al máximo… ayudando a todos…. así es ella.
Radio Madrid: “Los jóvenes militares están defendiendo valientemente nuestra capital y han repelido los primeros ataques del ejército sublevado, a pesar de sus armas alemanas…Aviso a toda la población, en Madrid han comenzado los bombardeos nocturnos…..¡.protéjanse en los refugios!.” Ha cundido el pánico. Todo el mundo busca un refugio seguro, los comercios han cerrado, la vida se ha paralizado y la sangre de civiles está corriendo por las calles de la villa. En el sótano de mi casa, junto a mi madre, hemos temblado. Nunca podré olvidar estas horribles noches. ¡Lisa, cómo te echo de menos! ¡Cómo me gustaría tenerte en mis brazos en esos momentos! Sé que estarás en un hospital de campaña ayudando a curar los heridos con tus conocimientos de medicina. Sé que no puedo impedirlo. Pero yo también estoy herido: mi alma se rompe; ya se ha roto; está despedazada. Te espero; rezo por ti; rezo para que vuelvas; te esperaré siempre; sé que volverás; confío en Dios, necesito confiar..

Madrid, invierno de 1.936/1937

Radio Madrid: “No habrá tregua en Navidad. No es tiempo de dispersión y de dudas, es la hora de la unidad por la República….. Mujeres, luchadoras por la libertad, ¡apoyad a nuestros soldados! Trabajadores en lucha para salvar la democracia. ¡Venceremos!” Radio Paris: “Se prepara la salida del gobierno de la República española para dirigirse hacia Valencia, como medida precautoria”. Mi madre y yo estamos todo el día pegados a la radio, cambiando de emisoras: “Se van incorporando a filas cada vez más jóvenes”. Todo este año ha sido horrible. Todo ha empeorado. Hay hambre….niños por las calles pidiendo….tristeza y sufrimiento en la gente…Hace meses que no veo a Lisa. Sueño con ella atendiendo heridos…hasta que la veo sangrando o despedazada… entonces, me despierto sobresaltado. Y lloro espantado.
Radio Madrid: “Se ha establecido la Junta de Defensa de Madrid como responsable de las operaciones militares. El general Vicente Rojo nombrado responsable del Estado Mayor…… Ante los últimos fracasos del Ejército Popular, el general Rojo ha decidido armar a las jóvenes milicias6 de los partidos…¡Jóvenes, unidos en la bandera de la libertad…, por la dignidad, a las armas!”
Como la mayoría de mis amigos, supongo que pronto me incorporaré a filas. No me imagino vestido de militar y con un arma. ¡Dios mío! ¡No seré capaz de disparar!

Madrid, primavera de 1.937

Finalmente, se cumplió lo esperado: He sido llamado a filas: “En el plazo de 15 días deberá presentarse en el cuartel de la 3ª Brigada Mixta, dispuesto para la defensa de Madrid…”. ¡Odio las armas y debo matar con ellas! Debo elegir entre matar o morir, o matar y morir. Sangre joven para una causa, para una idea, para la libertad, dicen ambos bandos. Sigo sin comprender nada. ¿Por qué hemos de matar, por qué hemos de morir? Antes, es preciso… es necesario…. hablar, discutir, cambiar las leyes, tantas cosas…. No. Nadie debe morir. Nadie debe matar a otro ni merece morir por una idea. Nadie debe matar por una idea. Si me oyera Lisa… sabría explicármelo, convencerme… ¡Lisa! ¿Dónde estás?

Madrid, verano de 1.937

Al fin juntos…. para separarnos. ¡Qué dura despedida! Ayer, junto al tren humeante que me ha traído cerca de estas trincheras, cerca de Guadalajara, varios soldados tuvieron que arrancarme de Lisa. Fundidos en un abrazo interminable, con nuestros dedos fuertemente entrelazados, nunca olvidaré la ternura infinita que reflejaba su mirada…, fija en mis ojos…, ni sus palabras balbuceantes trabándose entre las mías, ni las lágrimas mezcladas de ambos pasando de un rostro al otro en regueros incontrolados…. Su silueta fue alejándose…haciéndose su imagen cada vez más pequeña… hasta que llegó el terrible momento de su desaparición….y dentro de mí sentí un intenso dolor…. Miro asombrado a mis amigos; al verlos, me imagino a mí mismo con el fusil Mauser. ¡Me quema las manos! ¿Por qué yo, por qué, si lo que más odio son las armas? Como todos ellos, he tenido que aprender precipitadamente a usarlas. Con fuego real. Aprender matando. Matar…Ver morir… Algo que mi mente repudia intensamente.
-¡Vamos, preparados, cada uno en su trinchera! ¡Apuntad bien! ¡Al hombre! ¡Fuego! Miro al cielo y disparo sin apuntar a nadie……Todo esto no tiene sentido….Jóvenes, conocidos, o quizás amigos, matándose en un bando u otro….Las imágenes del horror vivido por el día se mezclan, llegada la noche, con otras de pesadillas en las que aparece Lisa, herida, a empujones entre la gente que corre huyendo de las bombas, de ese horrendo sonido… atronador… que da paso finalmente a un triste silencio, únicamente interrumpido por interminables lamentos, y espaciados gritos desgarradores.

(6: las milicias se formaron con los jóvenes de 20 a 45 años, sin ninguna experiencia militar.)

Madrid, otoño de 1.937

Ayer el sargento me entregó una carta….He tenido que volver a Madrid. Estoy destrozado. Mi madre ha muerto por las heridas recibidas al caerle encima un trozo de techo del sótano donde nos refugiábamos de los bombardeos.
Ayer pudimos enterrarla… Han pasado varios meses sin noticia alguna de Lisa. La he buscado angustiosamente entre los escombros de sus barrios. He preguntado a todo el mundo y nadie me da razón alguna de su paradero. -¡Lisa! ¿Dónde estás? –me grito a mí mismo, angustiado. A pesar de todo, Madrid aún resiste y, conociendo su valentía, me la imagino cerca del frente ayudando a los heridos, junto a otras compañeras. Tengo tantas cosas que decirle…, o escribirle, y ni siquiera sé su dirección. ¡Cuando acabe esta maldita guerra recuperaremos todo el tiempo perdido, supliéndolo con el doble de amor!

Madrid, invierno de 1.938

Mis dos mejores amigos han sido llamados para luchar en el frente del Ebro. Se dice que esa será la batalla decisiva. Mi unidad permanecerá en Madrid para reforzar su defensa. Al despedirme de ellos, sentí su fuerte abrazo como si fuera la última vez; juntos hemos gritado para darnos ánimo: ¡Somos soldados!¡Vamos, valientes! ¡Por España! ¡Por la República! ¡Venceremos! Y después hemos llorado desconsolados. Como en una película, velozmente, las imágenes de nuestra infancia feliz…. de nuestra adolescencia…los primeros amores…han volado por nuestras mentes al partir al frente.

Madrid, primavera de 1.938

Por desgracia, ya se oyen mejor las emisoras de los sublevados: “Superados los frentes enemigos, nuestras tropas avanzan hacia Madrid….guiadas por nuestro Caudillo….Es inevitable la derrota del ejército republicano…¡Hacia la victoria final! ¡Por España!” .Ha habido varios meses de carnicería por ambos bandos ¿Qué será de Lisa? ¿Qué será de mis amigos? No he vuelto a saber de ellos. En Madrid continúan las noches atronadoras de los bombardeos.
Esta angustia se me hace insoportable…No sé en qué me he convertido…..habré matado a jóvenes como yo…..otros han muerto a mi lado……duermo junto a los cadáveres de los que, poco antes, eran mis compañeros. Ya nadie piensa en las ideas….sólo en vivir….Quiero volver a abrazar a mis amigos… volver con ella….¡que acabe todo esto! Somos jóvenes para morir……nadie está preparado para morir… ¿De qué sirven los ideales, los fines, si han de quedar sepultados bajo los escombros?

Madrid, verano de 1.938

La radio de los golpistas repite insistente: “A pesar de que el ejército rojo ha recibido nuevas ayudas rusas, la victoria sonríe a nuestras tropas en todos los frentes. ¡Viva Franco!” ¡Tres de mis amigos han muerto!…¿Seré yo el siguiente?….Las trincheras y los frentes republicanos siguen cayendo. ¡Madrid agoniza mientras sus edificios se derrumban! Los políticos, desunidos, no saben qué hacer. ¡La población, desnutrida, está abandonada a su suerte! ¿Cuánto tiempo podremos resistir así?

Madrid, otoño de 1.938

Radio Nacional: “Han partido hacia Francia los últimos brigadistas de las Internacionales disueltas el pasado 29 de octubre……Después de la batalla del Ebro, la República está derrotada. ¡Viva Franco! ¡Arriba España!” Se acabó. Es el fin de la República. Estamos siendo aniquilados. Lo que queda de las tropas republicanas, entre ellas mi unidad, debe partir hacia Levante.
¡Me niego! Desertaré si es preciso. Después de ver tanta muerte…me daría igual morir… pero antes tengo que encontrar a Elisa…Es la única razón de vivir…

Madrid, 1 de abril de 1.939

Radio Nacional: “Franco aclamado en Burgos por su victoria. Nuestras tropas han entrado en Madrid. Cautivo y desarmado el ejército rojo…..la guerra ha terminado”… Se multiplican las represalias y las denuncias de combatientes republicanos. Aun así, NO voy a marcharme. He decidido deshacerme del uniforme y esconderme en la casa semiderruida de alquiler compartido en la que viví tantos momentos inolvidables con ella. Allí la esperaré unos meses. Después, sin miedo, la buscaré por todas partes…., cárceles…, hospitales…
A pesar de las calamidades y el hambre que paso desde la derrota republicana, hoy estoy feliz. La fortuna ha hecho que, en la calle, me encontrara con una compañera de estudios de la Residencia de Lisa. Un soldado conocido suyo le comentó que partían hacia Levante. Junto a su tropa, ella y otras voluntarias de la “Asociación de Mujeres Libres”, se dirigían hacia el Hospital Provincial de Benicassim7
-¡Está viva! ¡Vive! ¡Y yo vuelvo a vivir!
-He decidido preparar mi equipaje y partir mañana hacia Levante.

Madrid, 1 de mayo de 1.939

¡Qué frío hace en esta celda! Sólo llevo tres días encerrado y mi cabeza está a punto de explotar. Han sido tantos los golpes que apenas recuerdo cuando entraron en mi habitación, derribando la puerta, aquellos tres energúmenos con camisa azul oscura gritando: -¡Daniel González! ¡Queda detenido por miliciano y por comunista!- No sé quién me denunció. ¡Qué importa ya! Cada día les repito que no pertenezco a ningún partido, que soy civil y católico, pero no atienden explicaciones. Para ellos sólo soy un republicano más. Nada valgo. ¡Me preguntan por amigos y por otros que no conozco! Tantos años de buenos sentimientos, de buenas acciones, para acabar encarcelado…… ¡por traidor a unos sublevados!….o por defender ideales…o yo qué sé….
¿De qué han servido los pensamientos liberales, las ideas?…. Unos te enrolan en un bando y te mandan disparar…. luego los otros te encarcelan sin más explicaciones…. ¿De qué nos han servido tantos “compromisos con la patria”, si mis amigos están todos muertos y yo preso? ¿Merece la pena entregar la vida por una causa, por unas ideas, por la libertad?…Lo dudo tanto….Sé que ella no dudaría… ¡Yo necesito pensar que sí!…..

(7: antiguo centro balneario adaptado para convalecientes y heridos de las Brigadas Internacionales.)

30 de mayo de 1939. Monumento al General Mola. (Provincia de Burgos)

-¡Vamos gandules! ¡Moved las piedras hacia el maquinillo! ¡No merecéis el pan que os damos! ¿O preferís la horca?¡Tenemos que acabar antes de que llegue el Caudillo.

-No puedo más. Estos cerdos torturadores nos tienen casi sin comer arrastrando pedruscos. Todo porque pronto va a venir ese general Franco a inaugurar esta mole absurda. Pero…¿Quién grita así?… ¡Es mi amigo Juan ¡ ¿Qué hace subido en lo alto del monumento? ¡Va a tirarse….!
-¡No, Juan, por Dios, no lo hagas! ¡Juan! ¡Espera!–grito, grito desesperadamente.
¡No, no!- Demasiado tarde…Mi corazón late apresurado, desconsolado, al ver sus brazos distorsionados y su cuerpo desfigurado.
-¡Basta ya, haraganes! ¡Hay que seguir trabajando! ¡Eso les pasa a los más sinvergüenzas!- fue lo último que escuché. Instintivamente salté sobre el vigilante y le agarré por el cuello. Notaba su ahogamiento al tiempo que mi cuerpo recibía patadas y golpes por todos lados. Me arrastraron mientras gritaba: -¡Mi ojo! ¡No veo! ¡Asesinos! ¡Qué dolor!….Después me desmayé. Ahora, la oscuridad y este continuo dolor intenso en todo mi cuerpo son mi compañía en esta celda, junto a otros jóvenes angustiados.

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Marzo 1958. Chichiriviche. (República de Venezuela)

-Lisa…, despierta…–me susurra acariciándome el eterno sol que, un día más, ha posado suavemente sus rayos sobre mis ojos cerrados tras filtrarse entre las palmeras; al abrirlos, contemplo sus inusitados brillos en las paredes de mi alcoba. Una garza de pecho blanco, que acaba de llegar del cercano Parque Nacional Morrocoy, se ha posado en la veranda del porche situado bajo mi ventana. Al verme, ha remontado el vuelo y se ha refugiado en los manglares más próximos asustando a un monito araguato que dormitaba feliz sobre un tronco. El saludo monótono de las leves olas me reconforta.
Los cantos de unos loros cortejándose han acabado de despertarme. Semidesnuda, me he dispuesto a preparar el desayuno de frutas tropicales que tomaré junto a los clientes de mi hotelito. Hoy celebro los veinte años que llevo en este paraíso; siempre me he sentido integrada y querida; nada me importan las interminables horas preparando comidas, ni la rutina de recoger, volver a preparar, comprar, limpiar y tantas labores que forman mi día a día; es maravilloso. Aquí me siento viva…..en esta paz puedo olvidar…
Mas, algunas noches, mi subconsciente se revela sin control…y entonces…. veo que se acerca…. es Dani. Viene a abrazarme… le espero con los brazos abiertos…..pero, cuando estoy a punto de llegar a su encuentro, de pronto….siento un horrible estruendo… bombas que caen, brazos, piernas, su cuerpo mutilado, su sangre…. Horrorizada me despierto gritando y llorando…me duele todo el cuerpo….y mi alma…hasta que… poco a poco, al ver las garzas esconderse tras los manglares y el sol sobre mi cara, vuelve el sosiego a mi espíritu y el corazón recobra su pulso habitual. Mi mente se rebela. Es mi pesadilla que se repite…, aunque cada vez con menor frecuencia.
He vuelto a preguntar por él y por tantos otros en la asociación de emigrantes españoles en Caracas …Nada. Son demasiados años. Me niego a admitir que fuera una víctima más de aquella guerra sin sentido que causó tantas muertes y tanta destrucción.

Marzo 1978. Chichiriviche. República de Venezuela. (20 años después)

Junto a unos cuantos españoles residentes en Caracas, gracias a nuestra asociación, ¡vamos un mes a Madrid!…. Estoy ilusionada, pero, a la vez, siento el miedo a revivir recuerdos ya olvidados de aquellos horribles años de la guerra. Fueron tantos los momentos sentidos….unos alegres…, otros tristes como la muerte…Visitaré, si puedo, todos los lugares vividos, queridos,….fueron tantos…la casa de mis padres….. la Residencia de Señoritas…, el piso que compartí con Dani…., los locales de reuniones….. ¡Qué diferente será todo después de tantos años! Según dicen, España ha progresado mucho. Mi buen amigo Humberto, el morenito con el que comparto el restaurante y mi vida, me anima para este viaje. Bien conoce mis sentimientos. Ha sido tantas noches mi confidente, mi soporte, aguantando mis largas charlas…., mis largas pausas….para poder soportar esta larga ausencia….
Sentada en el avión, nerviosa, mi mente va renaciendo recuerdos. Me invade un sentimiento feliz al recordar a Dani… mi amor de entonces…de siempre…. Preguntaré por él, seguro que alguien me podrá decir algo….. Estoy tan emocionada…. Recuerdo los rasgos de su rostro y su porte de joven apuesto. ¿Estará vivo? Quizá debí permanecer en Madrid…. buscarle… hasta encontrarle….A veces, dos sentimientos contradictorios pugnan dentro de mí: el de culpa por no esperarle y el deber que cumplí como miliciana atendiendo a los heridos… Ahora tengo todo un mes para localizarle y algo dentro de mí me dice que nos encontraremos. ¿Cómo habremos cambiado? ¿Seremos dos desconocidos? Tenemos tantas cosas que contarnos…

Mars 1978. Villenueve Saint Georges (La banlieu de Paris)

Estoy emocionado. Por fin regreso a mi Madrid. Junto a unos cuantos españoles jubilados como yo pasaré un mes allí. Son tantos los recuerdos sentidos, los lugares vividos, la casa de mis padres, el piso que compartí con Lisa, los locales de reuniones, el estudio de arquitectura…No puedo imaginar cómo estará mi ciudad;recuerdo tanta destrucción…. Y después de tantos años…¿Permanecerá todavía en pié la cruz sobre la tumba de mi madre? ¿Encontraré las de mis amigos? ¿Encontraré a Lisa? ¡Cómo borrar los recuerdos de los primeros besos, nuestra primera vez…tantas cosas…!
Aline ha preferido quedarse…, tiene tanto trabajo en el restaurante….¡es tan buena cocinera! No se le ha perdido nada en España a mi querida francesa. Además, tiene que completar una vez más los papeles de adopción y residencia de Marie y eso es muy importante. ¡Queremos tanto a nuestra hija! Desde que Aline consiguió rescatarla de los nazis siendo tan niña, cuando se llevaron a sus padres judíos, la tomó como madre. Nunca olvidará el momento en que encontró a Marie asustada y escondida tras un armario desde que se les llevaron….Les compraré un buen regalo a las dos.
Este avión ni se mueve. Ya debemos haber cruzado la frontera…En mi mente, siempre Lisa. Preguntaré en nuestro barrio, en el de sus padres, en el Ayuntamiento, en la policía, en los hospitales….en el registro de defunciones……¡La encontraré!. Después de tantos años me cuesta imaginar su rostro….¿Es posible? ¿Y si al verme viejo, tuerto… no me reconoce?….¿Y si no quiere verme? No, no puedo pensar eso…Sea como fuere, ella seguirá siendo el ser único e irrepetible que conocí, que amé….que amo… que amaré. El amor que la guerra quiso destruir…y que permanecerá en mí…, ¡por siempre! FIN

Er mahetro andalú

Me presentaré. Me llamo Agustín, tengo nueve años y pronto, el mes que viene, cumpliré los diez. Me gusta escribir historias, palabras que rimen y otras cosas. Hoy no se me ocurre nada así que os voy a contar un poco más de mi vida. No veas cómo nos lo pasamos en la escuela. Resulta que este año tenemos un maestro andaluz. Al principio no le entendíamos y nos hacía mucha gracia pero, poco a poco, ya le entendemos casi todo; y es que él se esfuerza mucho para pronunciar las palabras muy correctamente para que todos las entendamos. Se llama Don Rafael y tiene un hijo de mi edad, Rafita, que va a clase con nosotros. Le ha tocado el pupitre de mi derecha y desde el primer día de curso somos muy amigos. También es andaluz como su padre y muy, muy simpático. Hoy, al salir de clase, hemos venido charlando hasta la plaza:
-Y tu padre ¿a qué se dedica?
-Es maestro albañil, como mi abuelo. Eso pone en unas tarjetas que le he visto en la mesilla.
-¡Anda, si también es maestro, como mi padre! Tiene guasa la cosa.
-Bueno, un poco diferente. Mi padre hace casas enteras. Y las puertas y ventanas las hace él en el taller, porque también es carpintero. Yo creo que será maestro porque tiene ayudantes y él les enseña a construir casas, a tallar la piedra, hacer vigas de madera y a trabajar en el taller.
-¡Qué interesante! ¿Puedo ir un día a ver cómo hace las ventanas y las vigas en el taller?
-¡Claro! Si quieres esta tarde al salir de clase, pero después de merendar.
Su padre, Don Rafael, es un hombre muy reservado; no cuenta nada de su tierra; por eso yo le pregunto a Rafita cosas de Sevilla y nos reímos mucho. ¡Cómo me gustaría conocer esa ciudad! Ayer, cuando estábamos en las filas, antes de entrar en clase, preparados para cantar todos muy fuerte el “Cara al Sol” y el “Montañas Nevadas”, me fijé que su padre se retiró y entró en clase. Yo sé que nunca canta. No se sabrá estas canciones. A mí me gustan mucho, aunque no entiendo por qué hay que ponerse cara al sol cuando uno tiene una camisa nueva o por qué sacan las banderas al viento cuando están las montañas nevadas. Da igual. Don Rafael es muy buena persona. Es el único maestro que he tenido que no tiene vara de pegar. No como el del año pasado, Don Benigno, que de benigno no tenía nada. Pasaba toda la clase gritándonos, nos castigaba de rodillas con los brazos en cruz y nos daba muchos varazos. Algunos se daban ajo en las manos para que no les doliera y les salieran moratones, pero si se daba cuenta, por el olor, les daba el doble, así que yo no me la jugaba. También, a veces, castigaba a toda la clase sin ir a comer y nos encerraba en el aula. Un día, hasta tiró por la ventana a uno de los chicos que no se dejaba pegar. Menos mal que estábamos en planta baja y no se hizo mucho daño. Don Rafael, cuando nos tiene que castigar, nos da diez minutos más de clase para que aprendamos mejor la lección. Y sin pegar. Otra cosa que me gusta de este maestro es que, al entrar en clase, escribe unas consignas muy bonitas como: “Es bueno acabar las tareas antes de ponerse a jugar”, o bien, “Participar en deportes es hacer amigos”, “Hay que cuidar y querer mucho a nuestros abuelos”, mientras que Don Benigno ponía otras consignas muy diferentes: “Franco, Caudillo de nuestra Gloriosa Cruzada de Liberación Nacional”, “Una Patria, un Estado, un Caudillo”, “España Una, Grande y Libre”, y otras parecidas.
Y nos mandaba aprender de memoria frases como: “El General Moscardó, en Toledo, entregó a su hijo, como Guzmán El Bueno al suyo, dando un gran ejemplo de pundonor por la patria”. Lo que más le gusta enseñar a Don Rafael son las cosas de la naturaleza. Algunos días salimos al Parque de La Florida a buscar distintas clases de hojas y nos ha dicho que recogeremos flores en primavera. Casi todos los días nos pone dictados para corregirnos las faltas de ortografía y nos enseña a escribir bien las frases, y con buena letra. También damos aritmética y geometría, dibujando figuras y otras cosas. A mí eso de dibujar es lo que más me gusta.
Ayer, de repente y sin avisar, resulta que vino un inspector. Todos sabemos, por el año pasado, que, cuando llega un inspector, los maestros se ponen nerviosos y nos riñen mucho si hacemos algo mal. Hay que estar muy callados y sólo hablar cuando le pregunten a uno. Y ¡ay de ti como no sepas responder correctamente! Te puedes preparar para cuando se vaya el inspector. A mí me tocó una pregunta de geografía: que por dónde pasaba el río Ebro, y yo dije que por Miranda y por Zaragoza, y entonces el inspector dijo que muy bien. Así que menos mal. Debe ser para ver si los maestros han enseñado muchas cosas a los niños y si no, ¿les castigarán?….
También he comenzado a dar “clases particulares” con Don Rafael. Preguntó que quién quería apuntarse, siempre con el permiso de los padres ya que tienen que pagar algo, y resulta que sólo nos apuntamos los cuatro primeros de clase. Es una hora más por la tarde, dos días a la semana, y lo pasamos muy bien porque nos enseña cosas de más mayores que no damos en clase. Mi padre dice que le vendrá bien porque los maestros, los pobres, cobran poco dinero.
Algunos días, al salir de clase, subimos al castillo y nos tiramos piedras unos a otros. A mi amigo Rafita no le gusta nada eso y se marcha a casa enfadado. Otros días, vamos a jugar al campo de fútbol y acabamos pegándonos con los contrarios. A mí no se me da bien jugar al fútbol y tampoco sé pegarme. Prefiero jugar a pelota a mano en el frontón. Lo que pasa es que, con esas pelotas tan duras, luego te salen ampollas que duelen mucho y las tienes que pinchar y vendar hasta que se van haciendo callos. Dicen que esas pelotas tienen bolas de goma dura dentro y que luego las vendan con tiras de tela y las forran con cuero bien cosido. Otros dicen que están hechas con tripas de gato. No sé, pero lo cierto es que suenan muy fuerte ¡clac! en el suelo y en la pared, y eso mola mucho. Rafi juega al ajedrez pero no sabe jugar a la pelota. He intentado enseñarle pero no hay manera. Con lo bien que se me da a mí….
Ahora entiendo por qué no le dejan quedarse hasta la noche jugando por la calle. Es verdad, con lo bueno que es no me le imagino rompiendo las farolas con los tirachinas, o yendo a robar nueces, cerezas, higos o habas, según vayan saliendo, o hacer trastadas como la de ayer, cuando le rompimos el porrón de vino con una piedra a unos albañiles que estaban arreglando el Monumento a los Caídos que está cerca de la Iglesia, y echamos a correr. Todos los días liamos alguna gorda. Lo malo es que, cuando le pillan a alguno, luego nos castigan a toda la cuadrilla. Tampoco le vemos en Misa los domingos, y eso sí que es cosa rara, ya que dicen que a Misa van los buenos. Yo voy con mi madre y mi tía, pues a mi padre no le caen bien los curas.
Pronto va a ser Navidad. Los sábados, en la Iglesia, varios de mi clase estamos ensayando para cantar unos Villancicos muy bonitos y hacemos varias voces. Será por la tarde, el día antes de Nochebuena, y dicen que después nos darán un chocolate. Ya estamos deseando que lleguen las vacaciones. Y los Reyes Magos. ———0———
Hemos vuelto de vacaciones de Semana Santa y mi amigo está un poco triste. Es porque ha estado con sus abuelos en Sevilla que le quieren mucho y le llaman Rafaelillo, y ha tenido que volver otra vez a Belorado, desde tan lejos. También será porque no tiene madre, digo yo. Me ha contado, en secreto que a su padre, seguramente, le van a trasladar a otro sitio, a final de curso. Aún no sabe a dónde, por lo que está muy preocupado. Dice que lo más seguro es que le manden a las Vascongadas, más lejos aún de Sevilla. Él no quiere, pues está muy contento aquí, eso dice. Yo lo voy a sentir mucho y les voy a echar de menos. No sé por qué les mandan tan lejos. Es como si fuera un castigo por algo. Nos hemos prometido que nos vamos a escribir.
¡Se ha muerto Don Benigno! Ha sido una semana antes de darnos las vacaciones de verano. Dice Rafaelillo, ahora le llamo así, que le han pedido a su padre que se haga cargo al año que viene de su clase. Como dice mi abuela, no hay mal que por bien no venga. Ya no se irán a las Vascongadas y, aunque no tendremos de maestro a su padre, podremos seguir jugando juntos.
———0———
¡Se han ido! ¡A mitad de curso y sin despedirse! No me lo puedo creer. Los de tercero nos han contado, en el recreo, que ha entrado en su clase el Director, con un maestro nuevo, diciendo:
-¡Todos en pié! Os presento a vuestro nuevo maestro. Se llama Don Teófilo. Va a sustituir a Don Rafael que se ha tenido que ir a su tierra andaluza porque no se encontraba bien. Bienvenido.
-¡Bienvenido! –repitieron todos a coro.
Yo no me creo que estuviera enfermo pues el día anterior dicen que les dio la clase y estaba bien alegre y bien sano. Algunos dicen que vieron unos guardias civiles por su casa y que será que es comunista. Yo no lo creo, porque él nunca hablaba de cosas de política. Mi padre me dice que no se me ocurra preguntarle nada al Director. Lo que más siento es que no sé la dirección de su casa para poder escribir a mi amigo Rafaelillo. ¡Qué mal tratan a los maestros con tantas cosas que nos enseñan! Es que no lo puedo entender. ¡Ya está! He decidido que, de mayor, me voy a hacer maestro para enterarme de lo que pasa y revelarme contra todo eso.

Mi primer trabajo

Sonaba a despedida. Aquella convocatoria a los graduados para acudir a la Universidad Laboral a recoger el resguardo del título y otros documentos me hizo pensar en que, al poner el pie en la estación de Santa Justa, Sevilla me recibiría por última vez. El tren llegó puntual aquel 1 de octubre de 1974; imaginé, ya con otros ojos, a la infanta María Luisa recogiendo flores, paseando por su inmenso jardín y me senté en el espléndido decorado cerámico dedicado a Burgos de su acanalada Plaza; disfruté como nunca de la sombra de las callejas; pisé con atención los adoquines de sus plazuelas; subí las rampas del minarete de la más famosa mezquita sevillana inexistente y me sentí como el califa Abu Yaqub Yusuf en su alcazaba viendo el tejado de la catedral cristiana a mis pies.
Finalizado el acto oficial de entrega de títulos, cada uno de nosotros expresaba sus deseos o sus aspiraciones laborales, en mi caso inexistentes ya que dentro de ocho meses debería incorporarme a filas, con lo que parecía difícil que alguien me contratase.
–Estamos buscando un ayudante-me dijeron al oído dos compañeros vascos. Les miré interesado y sorprendido a la vez. –El arquitecto de Hacienda de Huelva nos ha subcontratado varios pueblos de la serranía para hacer las fichas de valoración urbana del Catastro. Se trata de visitar, fotografiar, valorar y dibujar en planos todas sus casas. Y corre prisa. Serán tres o cuatro meses. ¿Te vienes con nosotros?
No lo pensé. Sonaba bien y, aunque no se trataba de mis mejores amigos, parecía una buena oportunidad. Era increíble que nada más recibir el título tuviera ya un trabajo.
El 15 de octubre me presenté en La Puebla de Guzmán, en plena serranía onubense, sin más señas. Era extraño, un pueblo de más de 3.000 habitantes sin bares, con el Ayuntamiento cerrado y nadie en las calles. Por fin localicé una pequeña tasca donde preguntar por mis compañeros. Un hombre apoyado en el mostrador ahogaba sus penas en vino. Me pedí un solera y esperé al tasquero. De pronto, el hombre emitió un quejío suave que fue aumentando poco a poco en lo que, al parecer, era un fandango alosnero. Su historia me dejó la piel de gallina; hasta entonces no había logrado entender el sentimiento del “cante hondo”. Allí supe que nace en lo hondo del alma del cantaor.
-¿Los chicos de Hacienda? Sí hombre; dentro de una hora pasarán por aquí. Siempre toman un vino antes de comer.-me aclaró el camarero detrás de la barra.
Todo iba bien. Trabajamos duro durante la semana. La mayor parte de las casas, salvo dos o tres, eran similares: calidad baja; fachada encalada completa o con zócalo oscuro; bonita entrada de azulejo cartujano o similar; patio andaluz en su interior con el pozo de agua y al fondo un aseo o los corrales de pequeños animales. No podía comprender que un pueblo tan grande no contará con red de suministro de agua. Parece ser que, desde que las minas a cielo abierto, el ferrocarril minero y las herrerías quedaron abandonadas, la comarca se había empobrecido notablemente. Las dehesas de encinas y eucaliptos de sus montes eran de los cuatro ricos de siempre y su antiguo crecimiento económico era ya un recuerdo para los buitres, milanos, la jara, el brezo y las ailagas que lo poblaban.
Mi primer fin de semana había que celebrarlo. Negociamos con el taxista del pueblo y los tres nos fuimos de fiesta hasta Cartaya, donde había bares y una gran discoteca con un espacio al aire libre, y además, muchas chicas. Era perfecto. Pronto me vi con un cubata en la mano disfrutando de la simpatía de tres cartayeras con los Doors y los Creedence´s sonando a tope. No se podía pedir más. Me sentí feliz y afortunado. De pronto, la música se hizo suave, Roberto Carlos sustituyó a los Rolling y todos se fueron emparejando. Mis pies junto a sus pies, una ensortijada melena rozaba mi cara mientras mis manos sentían el tacto sedoso de un liviano vestido de la morena de ojos profundos.
Las horas pasaban veloces en compañía de la simpática Rocío acurrucados en el fondo del local donde la luz era más tenue. Inesperadamente, se formó un jaleo enorme, carreras y gente que se acumulaba en una esquina de la zona al aire libre; al acercarnos, vimos a un chico tendido en el suelo sin sentido; nadie sabía qué había pasado. Por fin, llegó la guardia civil junto a una ambulancia y finalizó la música. Con Rocío de la mano, busqué a mis compañeros por todos los sitios. Nada. Se habían largado con el taxi sin esperarme. No podía creerlo. A esas horas, no había medio de volver a La Puebla y apenas tenía dinero para tomar el autobús al día siguiente. –No te preocupes,-dijo la chica-tenemos sitio en casa para que te puedas quedar. Finalmente, me quedé dos noches, ya que el domingo no había autobús, y el lunes partí hacia La Puebla prometiendo volver a verla. Entré en nuestra sala de trabajo dispuesto a echarles la bronca por dejarme tirado y allí estaba Julen muy compungido que me dijo: –Han detenido a Mikel. Ha sido culpa mía. Empecé a vacilar a una chica, me puse un poco pesado y un chorbo, que igual era su novio, me sacó una navaja. Mikel que lo vio, y ya sabes cómo es de nervioso, le arreó por detrás con una silla y le dejó KO. Parece ser que está en coma. Tuvimos que salir rápido con el taxi, pero la guardia civil nos localizó ayer domingo y se lo han llevado. Me senté impresionado por la noticia sin saber qué decir. -Le piden ochenta mil pesetas de fianza para salir del trullo-continuó- Esto no lo pueden saber en su casa, así que este mes todo lo que cobremos será para sacarlo de ahí. Asentí consternado.
La última semana del mes transcurrió seria. Julen y yo trabajábamos casi sin hablar. A primeros de noviembre, Mikel salió de la cárcel, tras pagar la fianza, y el chico herido salió del coma. Todo debería volver a su cauce pero no fue así. Pronto las discusiones entre Julen y Mikel culpándose mutuamente empezaron a cansarme, así que aguanté hasta final de noviembre para poder tener dinero para el tren de vuelta y regresé a Burgos. Dentro, me quedó el recuerdo inolvidable de aquellas horas junto a Rocío.